sábado, 29 de mayo de 2010

Manos expertas para el rock´n´roll


Ariel Rot, sala Joy Eslava (Madrid), 27-05-2010

Los que me conocen saben que mis apetencias musicales son de lo más variado, y pueden oscilar de un extremo a otro con tremenda facilidad. Igual se me puede ver en un recital de música antigua, en una iglesia cualquiera – de las pocas ocasiones en las que accedo con gusto a ese tipo de recintos – como acto seguido, y en ocasiones en el mismo día, trasladarme al más oscuro de los antros, para escuchar a algún grupo de rock, pasando por el jazz, sea en clubs, bares de copas o festivales. Vamos, que no le hago ascos a nada – o casi nada – cuando de música se trata, y sobre todo en directo- que es la forma natura de escucharla (lo de los vinilos y los CD´s es un invento reciente).

Por tanto, cuando supe que iba a estar unos días en Madrid y realicé la pertinente batida por la red para ver que me deparaba la suerte en cuanto a lo musical no me circunscribí solo al jazz, sino que busque otras opciones y me topé con que – mire vd. que casualidad – el amigo Ariel Rot presentaba en la sala Joy Eslava su nuevo disco: “Solo Rot”.

Por si hay alguien que no sepa quién es este Ariel Rot, a él va dirigida esta explicación previa. Si digo Tequila posiblemente ese alguien soltaría un aliviado “ahhhh…a esos si los conozco”. ¿Quién no ha escuchado, cantado o, incluso, bailado – más mal que bien – ese “Rock´n´roll en la plaza del pueblo” , popularizado por esa magnífica banda que los alegró a todos el final de los 70 y principio de los 80?. Pues bien, ahí estaba el amigo Ariel, con sus ojos verdes y cara de niño malo – que aún conserva, todo hay que decirlo – demostrando que también en España se podía hacer buen rock, con una cierta estética “stoniana”, y llevándose a las chicas de calle – cosa que también siempre han hecho los Stones, claro.

Tras la disolución de esa banda, creo recordar que a final de los 80, destruidos por su propio éxito – que llego a alcanzar cotas muy altas – Rot comenzó a intentarlo en solitario sin demasiada suerte al principio. Los primeros años de la década de los 80, con el tecno y la movida realizó alguna grabación que, a mi entender es, cuando menos, olvidable. Si escucháis su disco “Debajo del puente” entenderéis a que me refiero. Por fortuna se dio cuenta a tiempo de que ese no era su camino, de que él había “nacido para el rock”, algo que sabe hacer como nadie. En un momento dado sus pasos se cruzaron con los de otro joven argentino llamado Andres Calamaro, y juntos formaron otra de las bandas más compactas y originales que hemos tenido por aquí; “Los Rodriguez”. En esta banda recupera – y él mismo dice que es lo que más le gusta – su rol de guitarrista – Ariel es un fenomenal guitarrista de rock – y se lanzaron de nuevo a la carretera y a los estudios de grabación, dando como fruto una discografía corta pero muy intensa, regalándonos un rock a veces más cercano al Dylan eléctrico, aunque también con aires porteños, demostrando que es posible hacer música de gran calidad…y que llegue a todo el público. (Tengo que reconocer que a “Los Rodriguez” yo no los he disfrutado en su época de éxito, debido a que yo en esos años andaba muy ocupado escuchando “todo el jazz del mundo, y más”, y me despisté un poco en lo que a pop y rock se refiere. Años después he rectificado, y me he “papeado” su discografía completa en más de una ocasión, lamentándome por no haberme fijado en ellos en esa época.)

Entre tanto ya iba también perfilando su carrera en solitario, y fueron editándose álbumes ya de una calidad muy superior a sus primeras incursiones como solista, como “Cenizas en el aire” o “Hablando solo”.

Una vez disueltos “Los Rodriguez”, su carrera en solitario ha continuado con bastante fortuna, quizás no en lo comercial – ya le resulta más difícil llegar a ser superventas, y tampoco creo que lo busque – pero si en lo musical.

Bueno, ¿nos hemos centrado ya un poquito?. La cuestión es que este chaval de 50 años al que fui a ver el pasado jueves a la Joy es parte fundamental de la historia del rock en nuestro país, y eso…son palabras mayores.

Yo ya había tenido la suerte de verlo en directo, en Almería, hace unos 4 o 5 años, en una gira “acústica” que realizó con motivo de la presentación de su disco “Lo siento, Frank”, pero realmente tenía muchas ganas de verlo en su vertiente eléctrica, que al fin y al cabo es como se debe mostrar un buen rockero. Así que os podéis imaginar el alegrón que me llevé cuando vi la posibilidad de presenciar su presentación del “Solo rot” – disco que llevaba yo ya como un mes escuchando con atención – y además…en Madrid. Para evitar sustos de última hora, y con la complicidad de mi hermana – que reside en Madrid- y que también se alegró de la posibilidad de ver a Ariel, hacia como unos 10 días que ya teníamos las entradas en el bolsillo.

El concierto comenzó sobre las 9 y 15 en una sala Joy a rebosar de fans totalmente entregados de antemano. Reconozco que yo mismo era uno de esos, claro. El primer tema, como esta mandado, de su nuevo trabajo, y además el que abre también el disco: “Una vida equivocada”, una ácida crítica a los típicos ejecutivos-agresivos con los que supongo que Ariel se las tiene que ver de cuando en cuando en el negocio de la música - como en tantos otros. Frases contundentes y de una bella simplicidad como esa de “Me gustan los billetes como a todos….pero no ganarlos de cualquier modo”, definen muy bien el estilo de Ariel, que se empeña en dar la razón al abuelo Miguel Ríos con aquello de que “los viejos rockeros nunca mueren”.

Tras ese contundente inicio, porque el tema es “stoniano” donde los haya fue sabiamente alternando sus nuevas canciones con sus melodías más conocidas.

De las nuevas, por ahí sonó también otro rock clásico, muy “tequilero” llamado “Problemas”, la cumbia-rock “Papi dame la mano” – que personalmente creo que no está a la altura de la calidad habitual de sus canciones - , la comercial “Dulce mirada”, o el que me parece mejor tema de su nuevo disco: “Manos expertas”. Autobiográfico, como muchas de sus canciones, nos cuenta sus sensaciones al llegar a los 50 tacos. Estrofas como “la crisis de los 40 la pase tomando absenta, y ahora con 10 años mas yo finalmente me di cuenta…que necesito unas manos expertas”. Lúcido y original, como siempre, se toma con humor y resignación los primeros síntomas de la vejez que a todos nos llega, tarde o temprano – y mejor que nos llegue, porque otros rockeros, como también él cuenta en algunas de sus canciones…se quedaron “colgados de la luna” o “en la carretera”.

De su carrera en solitario interpreto una muy buena selección: “Dos de corazones”, una de mis favoritas, “Geishas en Madrid”, la inquietante “Vicios caros” – donde habla de las chicas que solo buscan el dinero de sus parejas -, “Hasta perder la cuenta”, la también autobiográfica “Hoja de ruta”, un rock´n´roll contundente de su disco “Lo siento, Frank” donde define esquemáticamente, pero a la perfección, la vida de un músico de rock. Me encanta esa frase de “llevamos nuestro destino escrito en la hoja de ruta”.

Por supuesto también sonó un tema que ya se ha transformado en un himno: “Lo siento , Frank”. En él, Ariel fantasea con que pide disculpas a Frank Sinatra por los derroteros que va tomando el mundo musical, la simplicidad y ordinariez que en los últimos tiempos – ¿solo en los últimos? – sufre la música de consumo. Frases como “si las teclas del piano se volvieron todas blancas”, o “la canción cumple condena…por ser demasiado buen” vuelven a demostrar la habilidad de Ariel con el lenguaje, y la forma tan sencilla y directa que tiene para contarnos sus historias.

Poco a poco fueron cayendo algunas mas, también clásicas, como “Baile de ilusiones”, “Adiós Carnaval”, la también muy autobiográfica “Vals de los recuerdos” – donde cuenta los tiempos de su llegada a Madrid , procedente de su argentina natal, siendo un adolescente - , “Una casa con tres balcones”, su fantástico rock instrumental “ Confesiones de un comedor de pizza” – donde deja claro que es un verdadero maestro con las seis cuerdas – y una de sus mejores composiciones de la época “rodriguez”: "Dulce condena".

Para acabar, y tras una primera despedida del escenario, apareció en el escenario en camiseta y sin guitarra, solo con el otro guitarrista de su banda, Osvi Grecco, para cantarnos una preciosa su versión con aires de tango de su famoso tema – de la época de Los Rodriguez también– “Mucho mejor”. Os recomiendo que escucheis esta versión en estudio en su disco “Duos, trios y otras perversiones”, que merece la pena.

Como fin de fiesta, y como sabio administrador de un espectáculo, se sacó de la manga su “Milonga del marinero y el capitán”, que todos coreamos con ganas, y acabó con el rock “Tengo 40 millones”.

La banda que lo acompañaba era solvente, aunque lo he escuchado con mejores músicos en otras ocasiones. Buen teclista (aunque los sonidos tanto de piano como de órganos hammond no tenían demasiada calidad), batería y bajista contundentes, y el citado Grecco como guitarrista rítmico – y en algunas ocasiones solista – también con mucho oficio. De hecho suele formar parte de su banda desde hace años.

Como reconozco que soy muy fan de Ariel, he intenté obviar los inconvenientes del concierto, pero realmente alguno hubo aunque, en honor a la verdad, poco achacables a él. Lo que realmente dejo mucho que desear fue el sonido, y me sorprendió porque la sala Joy tiene una gran tradición de conciertos, y por tanto deberían estar “superafinados” en este aspecto. Sin embargo resulto algo sucio y estridente, sobre todo en lo que a voces se refiere. Por suerte me conocía las letras de casi todas las canciones, pero para los que no tuviesen esa suerte, supongo que les debió costar lo suyo entender algunas. Y eso, cuando de Ariel Rot hablamos, es un gran hándicap. Tampoco estuvo muy fino el técnico de iluminación (o como mi amigo Ivan dice , “el lucero”). Alguien debería explicarle a ese hombre – o mujer – que básicamente en un concierto hay que iluminar a los artistas que están en el escenario, y muy de vez en cuando al público. Este se ve que ese día falto a clase, o que lo entendió al revés. El caso es que a punto estuvo a ratos de dejarnos a la altura de Stevie Wonder, en lo que a agudeza visual se refiere. Sin embargo, a Ariel a veces había que esforzarse para verlo. Curiosa forma de iluminar.

No obstante la sensación al abandonar la sala – pitidos en los oídos aparte – fue la de haber asistido a un buen concierto de rock, y eso hoy en día es muy de agradecer. Lo celebramos, mi hermanita y yo, tomando una cervecita fresca en uno de esos típicos bares para “guiris” de la Puerta del Sol, disfrutando de la primaveral noche de Madrid. Todo un lujo. Y hoy de vuelta a casa, aprovecho las infames 7 horas de Talgo para escribir esto. Quizás por este motivo me haya salido algo más extensa de lo normal: la culpa es de RENFE y del gobierno, por no ponernos ya el AVE Almería-Madrid.

1 comentario:

Ndik dijo...

Buena crónica! Hoy voy yo al concierto de Bilbao a disfrutar... un saludo!