lunes, 6 de diciembre de 2010

Un manantial de música sobre Mojacar

Antonio Gómez Quartet / David Pastor Quartet, Mojacar (Almería), 5 diciembre 2010
El puente se presentaba largo - y tortuoso para algunos, sobre todos los que pretendian volar - de forma que cuando vi anunciado el festival "Manantial de músicas" en Mojacar, inmediatamente se me activaron los mecanismos internos esos que me llevan a acudir a un concierto mas rápido que las famosas cien mil moscas a la miel.
Alicientes tenia muchos: hacer una escapadita con mi mujer a algún hotelito de costa, escuchar al cuarteto de mi amigo Antonio - del que unas veces tengo la suerte de formar parte y otras veces de disfrutar aprendiendo como espectador - y también escuchar en directo a uno de los mejores trompetistas de este país, el valenciano David Pastor.
Nos fuimos por la mañana para Mojacar y tras coger el hotel - debo ser de los pocos que agradecen el plante a los controladores aéreos, ya que quizás por eso encontramos habitaciones libres en un puente tan señalado como este - y tomarnos un aperitivo frente al mar nos dirigimos a dar buena cuenta de una paellita estupenda que nos prepararon en un típico lugar de allí, llamado "El puntazo".
Lo que no sabíamos es que una mesas mas allá, en el comedor de al lado, estaban ya algunos de mis colegas músicos cogiendo fuerzas para la prueba de sonido. Así que al salir nos encontramos con los almerienses Pablo Mazuecos y Eduardo Mortensen, que iban a ser pianista y batería de David Pastor esa noche, y con el bajista Joan Masana que hacia doblete ya que iba a tocar el bajo eléctrico en el cuarteto de Antonio Gomez, y el contrabajo en el de David. Cuando un músico es bueno no le falta el trabajo, está claro.
A mitad del café llegó David Pastor y nos demostró que además de ser un magnífico trompetista - eso lo íbamos a comprobar después - es un excelente conversador. En un tiempo record nos hizo un tratado completo sobre todos los tipos de paella de su tierra, demostrando ser tan buen conocedor de ese tema como del jazzistico.
Como es lógico los músicos se marcharon a la prueba de sonido y nosotros a una reponedora siesta, para estar despejaditos con vistas al doble concierto.
El lugar no me convencía mucho en principio, ya que se trataba de un centro de usos múltiples que tiene Mojacar justo a la entrada de pueblo. Hace unos años estuve viendo allí una ópera, y me pareció un lugar algo frió, demasiado grande quizá para un concierto de jazz. Pero me equivoqué. El lugar es grande, si, pero lo habían dotado de calefacción, con lo que el ambiente era agradable. En lugar de colocar los asientos por filas, estaban puestos en grupos de 4 o 5 , y con una mesa delante, para poder estar comodamente sentados y tomando una cervecita o una copa mientras nos deleitábamos con la música. Por delante se nos presentaban unas 3 horas de concierto con un breve descanso en medio y eso ayudó bastante a que la velada se pasase volando.
Justo antes de sentarnos vi que estaba por allí un enamorado de Mojacar y de Almería en general, el buen amigo Jorge Pardo. Aunque no me lo aseguró, él y yo sabíamos que acataría en el escenario. Almería, jazz y buenos amigos son un aliciente demasiado fuerte para que Jorge pueda resistirse.
En primer lugar salieron al escenario el cuarteto de Antonio Gomez. En esta ocasión Antonio presentaba a dos músicos con los que no se ha prodigado mucho por Almería, David Leon y Juan Galiardo - aunque si por otras partes de Andalucía - y a otro, Joan Masana, que es colaborador habitual suyo.
El repertorio de la noche fue muy variado, comenzando con una maravillosa adaptacion de "La tarara", que dejó muy claro lo que se nos venia encima.
De inmediato atacaron algunos de los temas de su último disco, "Aires de mar", como sus ya clásicos "Blues en tabernas", "De día". También sonó un curioso tema compuesto por Antonio - y sin incluir aún en disco- llamado "Porque te Vals", en el que disfruté muchisimo con la original y sutil improvisación que el pianista Juan Galiardo nos ofreció.
También hubo tiempo para algunos de los arreglos del próximo proyecto discográfico de Antonio Gomez, dedicado al mundo del cine, y disfrutamos con esa magnífica versión de "Los siete magníficos", con un muy buen solo de bajo de Joan Masana, así como con la maravillosa balada de Mancini "Two for the road".
La noche iba a estar llena de agradables sorpresas y durante el desarrollo de la estupenda versión del Romance Anónimo que casi nunca falta en los conciertos de Antonio, de repente una flauta comenzó a sonar desde el fondo del escenario...y en unos segundos éste se llenó con la presencia del maestro Jorge Pardo. Contar con este músico en un escenario es garantía de musicalidad, imaginación, swing y "duende".
Para terminar otro clásico de Antonio, el tema "In fraganti" en el que especialmente pudo lucirse, y de que manera, el batería ceutí David León, que fue otro descubrimento para mi esa noche.
Como final del primer concierto y con Jorge en el escenario era lógico que sonase otro de los clásicos del señor Gómez: "Plaza vieja", ese tema que está basado en unas notas del Fandanguillo de Almería.
Ya solo con ese concierto nos hubiese merecido la pena el viaje, desde luego. Pero, sin embargo, aún quedaba la segunda parte del festival, que también prometía lo suyo.
Y efectivamente, no me equivoqué mucho. Desde que David Pastor y su banda aparecieron supe que me iba a divertir tanto o mas que con el concierto precedente. Un jazz diferente a lo que acabábamos de oír - eso es lo bueno de esto - con temas originales de David, con un sonido moderno pero cercano al mejor hard-bop de los 50. Arreglos trabajados - y a un tiempo record, ya que no tocaba con su banda habitual - y excelentes solos por parte de toda la banda.
Comenzaron el concierto con un tema muy "funky" llamado "Sonny Rollins Stone", que creo no hace falta comentar a quien está dedicado. La melodía me recordaba mucho al "Mr. Pc" de Coltrane. Al final del tema, sin que dejasen de tocar, fue presentando a los musicos que lo acompañaban esa noche, que para mi eran bien conocidos ademas de buenos amigos: el almeriense Pablo Mazuecos, en el piano, a quien cualquiera que esté "en el ajo" del jazz en Almería conocerá. No hay proyecto interesante en el que no se meta, y normalmente - a costa de esfuerzo y horas robadas al sueño - los saca adelante. La Big Band de Clasijazz, colaboraciones con la Orquesta de Almería, la Banda de Dixieland, el cuarteto de Noemí Pérez. Podria seguir. Incombustible y un estupendo pianista. Estaba nervioso - ¿cuando no esta nervioso Pablo? - pero feliz anoche. No todos los días se presenta la ocasión de tocar con músicos de la talla de Pastor.
En la batería otro gran conocido del circulo jazzistico almeriense, y alguien con quien he tenido el placer de compartir muchos kilometros y escenarios: Eduardo Mortensen. Batería sólido, serio - todo él es seriedad, aparentemente - y solvente donde los haya. Su trabajo anoche me pareció excelente, y mas sabiendo el poco tiempo con el que contaron para prepararse el repertorio. Y en el contrabajo, y repitiendo, Joan Masana. ¿Que decir de Joan?. Es un animal de escenario. Se le ve disfrutar con todo lo que toca. Y sabe transmitir esa felicidad a los que están con el. Últimamente está prodigándose cada vez mas con el contrabajo, y creo que está consiguiendo dominarlo ya con la misma pericia que domina el bajo eléctrico.
Supongo que David Pastor se rodea habitualmente de magníficos músicos pero no creo que anoche tuviese la mas mínima queja con la banda que lo respaldó. Para mi fue todo un orgullo verlos ahí, y disfruté muchísimo de ello.
Continuando con el repertorio, siguieron con otros originales de Pastor como "Visto desde arriba" o "1974". Y entre tanto original se coló uno de mis "standards" favoritos, "Stella by starlight".
Y una versión del "Concierto de Aranjuez" fue esta vez la excusa para volver a llamar a Jorge Pardo. Mucha razón tuvo David cuando comentó algo así como que Jorge es "historia del jazz en nuestro país". Nada mas cierto. Lleva ya mas de 30 años en esto, y posiblemente después de Tete Montoliú no haya nadie mas valorado y apreciado nacional e internacionalmente como Jorge. Pues ahí estaba, con su flauta y su leonina melena, nuevamente dispuesto a disfrutar y hacernos disfrutar a nosotros. ¡¡¡ que lujo !!!.
Como fin de fiesta el simpático David - que se ganó al público de inmediato - prometió "una sopresita" si aplaudíamos lo suficiente. Lógicamente, fuimos obedientes y le hicimos caso.
La sorpresa no por previsible fue menos celebrada: ¡¡¡todos los músicos arriba!!! (bueno, todos menos Pablo...porque solo había un piano desgraciadamente, aunque estoy seguro de que lo disfrutó desde el público).
El tema elegido "Get up Stand Up" famoso tema compuesto por Bob Marley y Pete Tosh a principios de los 70 y que es todo un himno de la música reggae. Como es natural con los músicos que había sobre el escenario la versión caminó desde el reggae hasta el funky mas salvaje, según quien estuviese improvisando. Y os aseguro que aquí todos "echaron el resto". Este tipo de temas Antonio Gomez está "en su salsa", y no digamos David Pastor. Y muy bueno el solo de teclado de Juan, con ese sonido tipo rhodes con efectos tan apropiado para ese tipo de tema.
Tan agustito estaba David Pastor que hasta se arrancó con el cante y logró que el público lo siguiese.
No se si a nivel comercial y de beneficios el festival ha sido un éxito - esperemos que si, ya quesu organizador, Angel Vicente, se lo merece por el esfuerzo realizado - pero desde luego a nivel artístico la noche de jazz fue inmejorable.
Toda una fiesta para el jazz lo que anoche ocurrió. Si, efectivamente, un manantial de música cayó sobre Mojacar.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Luis Barbería, la noche es para Cuba

Luis Barbería, 12-11-2010, Studiocafé (Almería)


Hay ocasiones en la que uno tiene que multiplicarse si quiere acudir a todo lo que noche almeriense ofrece, que últimamente hay que reconocer que nos sorprende gratamente. Uno que lleva aquí toda la vida sabe muy bien que en otras épocas la sequía cultural en nuestra capital
competía con la climatológica. Ahora, sin embargo, aunque no podemos - ni debemos - compararnos con un Madrid o un Barcelona, hay mas oferta. Y como nos gusta quejarnos, porque nos gusta - y yo el primero - pues nos quejamos cuando varios espectáculos coinciden y solo podemos acudir a uno. En este caso, tras el concierto de Rubalcaba tenia dos opciones a cual mas apetecible: una jam session en el club Clasijazz, con una buena sección rítmica y con los solistas de la Big Band que actuaría al día siguiente, o bien el concierto de Luis Barbería en Studiocafe.
Varias cosas me hicieron decidirme por la segunda opción: el hecho de que era la primera actuación de mi amigo Luis en Almería - ha actuado como invitado otras veces, pero nunca él en solitario -, que esa tarde le cedí gustoso algunos elementos de mi equipo de sonorización, por lo que le venia bien que estuviese pendiente por allí, pos si "los acoples" (aunque aclararé que yo como técnico de sonido estoy seguro de que moriría de hambre) y también que a mi lo de las jam-session pues no me atrae demasiado. Por tanto la balanza se inclinó con mucha facilidad por el recital del amigo Barbería.
Para los que no sepan quien es Luis Barbería, y para no repetirme, os remito a una anterior crónica mía (http://mastritomusic.blogspot.com/2007/12/todo-ritmo-luis-barberia-diego-cruz.html) en la que ya comentaba las actividades de este grandísimo músico cubano, que ahora tenemos la suerte de tener temporalmente afincado en Almería.
Así que tras salir del concierto de Rubalcaba e intentando abreviar en los comentarios típicos a la salida del concierto - haciendo esfuerzos, porque lo que acabábamos de oír merecía muchos comentarios - salimos disparados para Studiocafé a ver si llegábamos a tiempo de ver comenzar el show de Luis Barberia.
Como gran músico que es, esa noche se enfrentó al publico almeriense como lo hacen los grandes maestros: solo ante el peligro. Con su guitarra, su fantástica voz y sus habilidades como percusionista vocal. Ah, y sus dotes como bailarín, ya que en algún momento no pudo contenerse y realizó alguna pequeña coreografía.
El repertorio estuvo compuesto en su gran mayoría por temas propios, algunos de los que suele interpretar con su grupo Habana Abierta, como "Rocotocompas" o el fabuloso funky "Como soy cubano" (Ver video), y otros mas intimistas que interpreta en solitario o con otros músicos, como en sus colaboraciones con otro gran cantante y compositor cubano Julio Fowler. Temas como "A full", "Sangre revuelta", la preciosa bossa dedicada a su pareja "Del cielo a mi vida" o la balada "Georgia" dedicada a su hija, precisamente llamada así.
El encanto de Luis es el resultado de sumar la gran calidad de sus composiciones con la forma de interpretarlas con su cálida voz, además de su magnífica técnica de acompañamiento con la guitarra. Si a todo eso unimos su habilidad con la percusión vocal - que hace que quien no lo conozca llegue a pensar que está sonando algo grabado o que el batería está escondido en alguna parte - veremos que consigue con facilidad tenernos pendientes de su música todo el tiempo que dura el concierto. Disfruta con lo que hace y lo transmite como nadie, y como era normal consiguió que el público de Studiocafé participase también en su música (que se lo digan al bueno de Chipo Martinez, que coreaba algunas canciones en primera fila).
Al final nos regaló algún tema brasileño, algo normal porque es un gran admirador de esa música, y si no recuerdo mal nos cantó algún fragmento de los dos grandes temas de Djavan "Flor de lis" y "Capim", para finalizar con un bolero que, nuevamente dudo de mi memoria, creo que fue "Contigo en la distancia".
Y como bis, nos repitió ese fantástico "Como soy cubano", que puede escucharse varias veces en la misma noche sin cansarnos para nada.
Estoy seguro de que la jam de Clasijazz estuvo muy bien pero tengo que reconocer que no me arrepentí en ningún momento de mi decisión. Digamos que estaba escrito que la noche era para Cuba de principio a fin.

Gonzalo Rubalcaba Quintet: El jazz es un gran invento

Gonzalo Rubalcaba Quintet, 12-11-2010, Auditorio Maestro Padilla (Almería)
Lo del pasado viernes si que fue jazz con mayúsculas, del bueno, música total, la demostración fehaciente de que esta es la música del siglo XX, del XXI y del futuro.
Llegaba la 2ª jornada del XXI Festival Internacional de jazz de Almería, y realmente acudí a nuestro auditorio con ganas.

Entiéndaseme: normalmente siempre tengo un hambre incontrolable por escuchar música en directo, pero..siempre hay días en los que uno esta mas predispuesto. Durante la tarde vi en mi DVD una grabación del pasado verano en el festival de jazz de Vitoria - al que este año no pude acudir en directo - del quinteto que iba a escuchar por la noche, y realmente me ayudó a prepararme para lo que se me venía encima. Pero ya se sabe que, tal y como la realidad supera la ficción, el riguroso directo supera con creces a las televisiones y los DVD´s.

La cuestión es que cuando me senté en la primera fila del Maestro Padilla, con mi mujer a un lado y dos buenos amigos y, a la sazón, de los mejores músicos de Almería, Chipo Martínez y Antonio Gomez, creo que estaba totalmente receptivo a escuchar buen jazz, y posiblemente por eso disfruté del concierto como hacia mucho tiempo que no lo conseguía.

El quinteto de Gonzalo Rubalcaba venía a proponernos un recorrido en directo por el último disco de este gran pianista titulado "Avatar". Tal y como el comentó durante una de sus intervenciones, nada que ver con la famosa película del mismo título, y de hecho este disco se editó un año antes del "boom" del film de James Cameron, y desde luego no tiene ninguna
relación con el. Casualidades de la vida.

A lo que vamos, que es la música que allí sonó, reconozco que me va a costar bastante explicarlo. Lo que si querría dejar claro es que la complejidad técnica en todos los aspectos musicales no restaba un ápice a la emoción que lograron transmitir todos los músicos desde el escenario.

El repertorio estuvo compuesto de temas propios y, si no me equivoco, todos ellos incluidos en el citado trabajo "Avatar".

Comenzaron con "Looking in retrospective", primero también del disco, con una bellisima intro de piano de Gonzalo y en el que tras la exposición del tema comienza una trepidante conversación entre piano, saxo y trompeta. Ya en ese momento nos dejaron claro que el jazz que íbamos a escuchar esa noche era oro puro.

Escuchamos la composición del contrabajista Matt Brewer titulada "Aspiring to normalcy", temas como "Infantil (Dedicated to John McLaughlin", también con una introducción de piano con mucho sabor a música contemporánea, "This is it" y "Hip side" y la balada de

Horace Silver "Peace", ejecutada en trio, y que consiguió crear una tensión que nos dejó a mas de uno sin respiración.

Me resulta muy complicado definir con palabras la forma de tocar de Gonzalo Rubalcaba, porque es una especie de compendio de muchos pianistas, con mucha técnica pero sabiamente mezclada con sensibilidad. De sus dedos salen frases que recuerdan a los grandes del jazz , desde a Art Tatum a Bud Powell, pero que pueden transformarse con una fluidez pasmosa en sonidos extraídos de cualquier composición de Bela Bartok. Cuando quiere sonar a Monk, lo hace. Si quiere hacer guiños a Chick Corea, los hace. Cuando quiere ser lírico, profundo y reflexivo puede sonar a Bill Evans. Pero cuando quiere sonar a Rubalcaba, también lo consigue y se lanza a explorar el piano en toda su profundidad, consiguendo sonidos, frases y "voincings" realmente originales. Su mano izquierda es firme y rítmica, supongo que derivada de sus conocimientos de percusión - mi buen amigo Luis Barberia me contó esa misma tarde que realmente Rubalcaba comenzó como baterista y percusionista, allá en su cuba natal - y su mano derecha literalmente vuela acariciando las teclas. Algunas de sus improvisaciones fueron realmente apabullantes por su delicadeza.

La banda que lo acompaña - por decir algo, porque la palabra "acompañar" se queda pequeña en estas ocasiones - tenia un nivel musical acorde con su líder, como era de esperar.

Especialmente me gustó el sonido, la musicalidad y la solvencia rítmica del contrabajista - compositor ademas de alguno de los temas - Matt Brewer - , y que luego supe que estuvo tocando el contrabajo del músico almeriense Fafi Molina, que salía del concierto con la satisfacción de haber escuchado salir de sus cuerdas tantas y tan acertadas notas.


Los dos vientos, el saxofonista Yosvany Terry y el trompetista Mike Rodríguez también acertadisimos en sus respectivos instrumentos. Yosvany, que aportaba algunas piezas compuestas por él, también demostró una enorme sensibilidad y sus solos estaban realmente bien construidos. Y Mike sacó un sonido verdaderamente hermoso de su trompeta, instrumento que ya de por sí tiene la caracteristica de unir muy bien lo latino con lo mas puramente jazzistico. Si quien la toca se apellida Rodriguez, pues posiblemente la fusión es mas evidente.
Y , por último, el batería Ernesto Simpson en perfecta comunión con Matt Brewer, supo tejer perfectamente la red en la que constantemente se dejaban caer los solistas. Como mi buen amigo Antonio Gomez comentaba nada mas terminar el concierto pocas veces se escuchan a músicos consiguiendo tocar con ese"groove" a tan bajo volumen, consiguiendo tanta sensibilidad y matices. Lo tristemente habitual cuando se atacan estos ritmos es abusar del volumen, pero con músicos de esta talla esto no parecia ser un problema.

En definitiva, buenas composiciones, endiablados arreglos, ritmos complejos, inspiradisimos solos y perfecta comunión entre los músicos, respetándose entre ellos, elevando los silencios a la categoría de bellas notas. En fin, se me acaban los elogios para un concierto de los que le dan a uno la razón cuando piensa que esto del jazz es uno de los mejores inventos de este ser humano que tantos disgustos nos da habitualmente.

Como final, y tras la ferviente petición del no muy numeroso público - una lástima, pero ya se sabe que esto del jazz sigue siendo minoritario - como para dejar claro que conoce bien sus derechos y deberes como líder, Gonzalo Rubalcaba dejó en camerinos relajándose a sus cuatro compañeros y salió solo al escenario para regalarnos dos piezas a piano solo que consiguieron lo que parecía imposible: subir todavía mas el listón. La última fue algo así como una de-construcción de "El manisero". Lo que hacía - y deshacía - Rubalcaba con la melodía y armonía de este famoso standard de su cuba natal solo él lo sabe, pero ciertamente nunca había escuchado una versión tan original de tan conocida melodía. Solo una maestro puede conseguir esto, y estábamos ante uno, y de los grandes.

sábado, 9 de octubre de 2010

Las mil y una caras de Michael

Forever King of Pop. viernes, 8 de octubre de 2010, Auditorio Maestro Padilla (Almería)
Cuando mis hijas me propusieron que las acompañase al musical “Forever King of Pop” reconozco que mi primera reacción fue la rotunda negativa. Estamos en tiempos de crisis y los bolsillos se resienten cuando uno decide asistir a un espectáculo, y mucho más cuando de mi se trata que soy de los que “se apunta a un bombardeo”. Está al caer el festival de jazz de Almería, y soy de los que se compra el abono, así que la perspectiva de soltar los 42 euros “del ala” que costaba ver el musical dedicado a Michael Jackson no me hacía precisamente muy feliz.


Le pregunté a mi hija mayor – que por cierto fue la que mas insistió – si tenía noticias sobre si el espectáculo llevaba músicos para el directo, y me reconoció no saberlo. La idea de pasarme 2 horas y pico viendo a un imitador de Michael Jackson y su cuerpo de baile haciendo “playback” sobre una bonita y perfecta música enlatada no me llamaba nada la atención. Busqué información por internet, para ver si en algún artículo en el que hablasen del espectáculo hacían referencia a los músicos. Nada. Cero. Negativo. Evidentemente, en este país se le da muy poca
importancia a la música en directo y por tanto, en general ,no se valora la dificultad que entraña abordar un montaje así.
En este estado, sumido en ese mar de dudas en las que se entremezclaban el desembolso económico, los burdos imitadores y la música enlatada, en el último momento y mas pensando simplemente en el placer de pasar una agradable tarde en compañía de mis hijas, por fin les di el “sí”.
Cuando entramos al Auditorio – el Maestro Padilla, de nuestra capital – mi preocupación más importante desapareció de inmediato: sobre el escenario, colocados en posiciones estratégicas, algo disimuladas pero sin llegar a estar ocultos del todo, estaban los instrumentos. Teclados arriba a la izquierda, guitarras a la derecha, batería al fondo a la izquierda – el W.C. lo colocarían en otro lugar - y bajo al fondo a la derecha. Respiré
aliviado: la música iba a estar interpretada en directo. Mientras llegábamos a nuestros asientos, mi hija mayor, que iba consultando el programa de mano ya también me aclaraba que entre los integrantes del elenco estaba leyendo “batería, guitarrista, teclista, saxofonista, etc”. “Tranquilo, papá”, me decía.
Pero tranquilo del todo no estaba. Ya son muchos conciertos vistos – y oídos – en el auditorio Maestro Padilla, de los que he salido con el mal sabor de boca de un sonido pésimo. De hecho, en la mayoría de las ocasiones suele ocurrirme. Así que, como no terminaba de creerme que aquello funcionase pensé “seguro que va a sonar fatal”.
Pues que alegría a veces da cuando uno se equivoca de parte a parte. Sinceramente reconozco que posiblemente jamás haya escuchado en este Auditorio la música más claramente y con mayor calidad como en la tarde de ayer. Cuando el show comenzó, precisamente con una introducción instrumental de los fantásticos músicos que el espectáculo lleva, noté con estupor que podía escuchar perfectamente cada instrumento: teclados, guitarras, batería y bajo – este último suele ser el más problemático en el auditorio – sonaban perfectamente, bien nivelados, a un volumen alto pero sin ser estridente. Perfectos. Cuando entraron las voces, la sensación fue la misma. Todo a nivel, todo en su sitio, sin estridencias, con claridad y con potencia. Un diez para los técnicos de sonido, pensé. Me recosté en mi asiento y me dije a mí mismo “no sé lo que vendrá ahora, pero al menos voy a es cuchar buena música”.
Y lo que vino a continuación me gustó, en general. Un buen espectáculo, mezcla entre el típico “musical” que tan de moda está ahora y un concierto de “covers” de Michael Jackson, acercándose más a esto último. Y digo esto porque quizás lo más flojito del show era el guión, el hilo conductor que enlazaba unas canciones con otras, y que casi siempre recurría al sentimentalismo, rozando la sensiblería, con una pareja de maestros de ceremonias - Samuel Gómez y Carolina Serrato - que me dejaron boquiabierto como cantantes, pero que como presentadores no llegaron a conectar conmigo en ningún momento, aunque creo que lo hacen muy dignamente. Sencillamente lo que les falla es el guion, más que sus interpretaciones.
Pero, lógicamente, lo que más esperaba el publico era ver a los sosias del señor Jackson. En estos casos se da uno cuenta de la gran originalidad de un artista: cuando hay que buscarle un doble, y se tiene que recurrir a varias personas para intentar mostrarlo en su plenitud. Es el caso. Para los papeles de Michael Jackson este espectáculo lleva a dos artistas: Fran Jackson, que es un doble casi perfecto de último Michael, que imita perfectamente sus gestos, sus poses y sus pasos de baile. Pero que no canta. Cuando Fran estaba en el escenario, solo movía los labios, y eran otros artistas – destacaría a Alejandra Barella, que “clavaba” el timbre de Michael en ocasiones – los que ponían la voz.
Pues bien, la otra mitad de MJ era el cantante Mampuele. Físicamente con menos parecido a la estrella, aunque muy bien caracterizado, este artista sí que cantaba, imitando bastante bien la voz de Michael, sobre todo en las baladas. Aunque no fue la voz que más me gustó del espectáculo – las de Samuel Gómez, Alejandra Barella y Carolina Serrato me parecieron mucho mas afinadas y agradables – hay que reconocerle a Mampuele que su interpretación en conjunto es muy buena, teniendo en cuenta que debía que ocuparse de cantar, bailar e imitar los gestos del mito, todo en uno sin perder la compostura. Realmente meritorio lo de este artista.
Lo cierto es que disfrutamos de lo lindo con el espectáculo escuchando un repertorio muy variado y realmente completo de los éxitos del ahora llamado “Rey del Pop”. Desde algunos temas de sus inicios con los Jacksons FiveI want you back, ABC, Ben o Blame it on the boogie – hasta todos los grandes éxitos de su carrera en solitario y que hemos escuchado hasta la saciedad. Por recurrir al tópico, porque en este caso creo que es bastante cierto, unas canciones que han formado parte de la banda sonora de nuestra vida: Billie Jean, Beat it, Smooth Criminal, Human Nature, Bad, I´ll be there y muchas más.
Mención especial, desde luego, para el montaje escenográfico de “Thriller”, con el cuerpo de baile disfrazados y maquillados como horribles “zombies”, provocando algún que otro sustito al respetable público – ¿verdad, hijas? - . En general, y aunque no pueda hacer una valoración tan detallada como la que suelo hacer sobre la música, los bailarines del espectáculo creo que hacen una magnífica labor también. En un espectáculo sobre MJ, si se trata de recordarlo e imitarlo, está claro que el baile es algo importante, casi al mismo nivel que la música. No hay más que ver su film póstumo “This is it”, en el que se pueden seguir los ensayos para la gira mundial que nunca pudo realizar, para darse cuenta de lo importante que era para Michael su cuerpo de baile. En un momento de esa cinta alguien dice a los bailarines que deben ser “una extensión del cuerpo del propio Michael Jackson”, y creo que así lo entendía él. Muy recomendable esa película, por cierto. Se puede ver al MJ músico, bailarín y, sobre todo, profesional al 100%.
Hubo muchos momentos emotivos, musicalmente hablando, con las versiones de “The way you make me feel” en su versión lenta – interpretada magistralmente por Samuel Gómez, que fue realmente la voz que más me gustó en su acercamiento a Michael – el tema “You are not alone”, o los temas de tinte ecológico “Earth song” y “Heal the world”. A destacar también el “medley” con el coro Gospel, con temas como “Off the wall” o “Can you feel it”.
Personalmente, por mis propios recuerdos juveniles, me encantó escuchar “Don´t stop ´till you get enough” , de uno de los discos que yo mas disfruté de este artista, el álbum “Off the Wall”. Una de sus mejores obras , en mi opinión.
El final con su famoso “Black or White” y el marchoso y funky “Wanna be startin´something”, lógicamente nos dejó con ganas de mas y, como si de un concierto tradicional se tratase, nos tenían preparados otro final: el famoso “We are the world”, compuesto en su día por Michael y Lionel Ritchie, y que tanto nos emocionó en los 80, aquella época en la que algunos grandes artistas creyeron que podían salvar el mundo con su música y sus macro-conciertos. No lo consiguieron, porque al mundo no lo salva “ni maría santísima”, claro, pero al menos nos dejaron algunos muy buenos conciertos, y muy buenas intenciones.
Como en el original de aquella canción- en la que intervenían voces como las de Stevie Wonder, Diana Ross, Tina Turner y el propio Michael, entre otros muchos- , en esta fueron interviniendo todas las voces principales del elenco, aprovechándose el momento para que cada cantante y cada músico recibiese su bien merecida ovación particular. Ya que doy tanta importancia a la música en directo, injusto sería no dedicar unas líneas a los músicos, que dieron un soporte impecable a todo lo que ocurría en el escenario. Como es lógico en este tipo de espectáculos, lo que aquí se valora no es la improvisación sino, bien al contrario, la precisión y el máximo parecido con los originales de lo que se está interpretando. Pues de precisión estaban sobrados todos los músicos del escenario. Desde el teclista Alvaro Peire – había otro teclista, que además acompañó a piano solo todo el “meddley” góspel, pero no viene su nombre en el programa – que consiguió recrear perfectamente todos los ambientes que la música de Jackson requiere, pasando por el espectacular guitarrista Oliver Martín, que en alguna ocasión saltó al escenario para formar parte de la coreografía mientras interpretaba algún espectacular solo, la base rítmica de Ángel Crespo en la batería y Adrian Bartol en el bajo, que eran como un metrónomo, pero con sensibilidad, y terminando por los metales donde estaban Patxi Urchegui en la trompeta y un conocido - para los jazzistas, claro - Iñaki Arakistain, ejecutando unos preciosos arreglos sobre todo en los temas mas rápidos. Por supuesto impecables tambien todos los cantantes y coristas, pero como eran tantos que me perdonen por no nombrarlos uno a uno. Todos ellos, tocando y cantando en directo, como debe ser – habría que desterrar a otro planeta al impresentable que inventó lo del “playback” – hicieron que el resto de artistas pudiesen realizar su trabajo con precisión, pero a la vez con la maravillosa sensación de que la música se está creando justo en ese instante.
En definitiva, no pude más que agradecerles a mis hijas su insistencia porque salimos de allí con la alegría que da presenciar un buen espectáculo, cuyo montaje imagino que ha costado un gran esfuerzo artístico y económico, por lo que se da por muy bien empleado lo que cuesta asistir a él. Personalmente creo que se ha mitificado en exceso la figura de Jackson tras su misteriosa muerte, pero también creo que durante su vida sufrió muchas injusticias y muchos abusos por parte de gente cercana que lo traicionó en muchas ocasiones, y que enturbiaron su figura como artista. Probablemente nunca sabremos que había de cierto o falso en aquellas escabrosas historias que se contaron sobre él. Yo creo que tengo la balanza bien nivelada y aunque no pienso que sea “el más grande”, si que reconozco que él y su entorno musical – no hay que olvidarse de Quincy Jones, desde luego – han creado un sonido inconfundible y unas melodías inolvidables que ya son parte de la historia de la música popular. Y…eso es todo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Abrituneitu…o pasion por Gina Lollobrigida

Tutto per Gina, 16 de septiembre de 2010, Teatro Alfil (Madrid)

Ya me hubiese fastidiado a mi marcharme de Madrid con el sabor amargo del decepcionante concierto de Supertramp. Todavía me quedaba una última noche, y lo que tenía previsto era algo, de entrada, incatalogable o, para que dar más vueltas: raro.
Se trataba de la obra "Tutto per Gina", interpretada por 4 individuos (Santiago Ibarretxe, Luismi Baladrón, Iñigo García y Daniel Llull) que se hacen llamar "Primital Bros". De donde salen estos "hermanos primitivos"?. Pues sobre todo de la mente de uno de los músicos más creativos, imaginativos y surrealistas que tenemos por este país, es decir, Santi Ibarretxe.
Por casualidad descubrí su disco "Primital" y reconozco que me enganchó inmediatamente. Es muy complicado definir que hace Ibarretxe, si digo que mezcla el jazz, con el funk, con la electrónica, con los juegos de voces y con el humor...posiblemente me quede corto. Mejor escuchad ese disco, y sacad conclusiones.
Pues bien, poco después mi buen amigo Antonio Gómez me comentó que Santi iba a colaborar en su disco "Aires de mar”, y de hecho lo hizo con una magnifica improvisación de saxo en el tema "In fraganti".
El caso es que le había perdido un poco la pista hasta que hace poco, precisamente en otro telediario - si es que hay que ver las noticias, mecachis - pude ver unos segundos de la obra que estaba representando en Madrid, junto a 3 actores más. Rápidamente hice las gestiones para conseguir entrada - nuevamente mi hermana me resulta de gran utilidad, además de que resulte ser un placer acudir con ella a todos estos espectáculos - y en un "pis-pas" ya teníamos las entradas reservadas.
Nuevamente, como me pasa con el disco "Primital", me va a resultar complicado contar lo que vimos. Cuatro tíos en un escenario bastante sobrio, con la ayuda solamente de 4 micrófonos inalámbricos - que casi ni se notan - y como es lógico de sus gargantas, sus cuerpos y su imaginación. Hora y media en la que mezclando la mímica con la música construyen una historia divertida, contada con un lenguaje extraño que, para que vamos a engañarnos, probablemente no entienden ni ellos. ¿Alguien sabe que significa, por ejemplo, abrituneitu?.
Me recordaron a "El tricicle" - es lógico, por la cuestión de la mímica - o en otras ocasiones a los geniales "Les Luthiers", pero no se me entienda mal: me los recordaron, pero no los imitaron. Estos hacen otra cosa, SU COSA. Juegan con ritmos, juegan con melodías, conocidas - por ahi sonaron sus versiones de temas de Beach boys, de Michael Jackson, melodias barrocas, rap, heavy, etc - o inventadas, juegan entre ellos, juegan en el público - que no puede parar de reír - en definitiva...JUEGAN. Sencillamente geniales, no puedo decir otra cosa.
Como postre, tras finalizar la obra, nos regalaron algunas interpretaciones "a capella" de temas como "Too much heaven" de los Bee Gees, con un Ibarretxe pletorico tanto humoristica como musicalmente - "You are the sunshine of my life" y "Isn´t she lovely" de Stevie Wonder, o la melodia del standard "Life will be a dream", que sonó como "leitmotiv" en toda la obra. Y como ultimo bis, un precioso tema casi sentados junto al público, a pie de escenario, demostrando todos sus habilidades vocales con más calma.
Porque durante toda la obra, además de cantar, no paran de actuar, de saltar y de gesticular, sin perder el ritmo, el tempo ni sus respectivos papeles vocales en ningún momento. No quiero pensar cuantas horas de ensayo requiere algo así.
Para completar, hasta me encantó el Teatro Alfil, pequeño y coquetón, con el bar dentro de la sala, lo que permite que puedas tomarte cualquier cosa mientras ves el espectáculo.
"Tutti per Gina" me dejó la mandíbula en ese lamentable estado en el que solo suelen dejarla Les Luthiers, y eso es mucho decir. Supongo que cuando acaben con sus representaciones en Madrid (si no estoy mal informado, han prorrogado en el Teatro Alfil hasta el 20 de noviembre), girarán por el resto de España (podrían hacerlo por cualquier ciudad del mundo, y los disfrutarían igual). Si tenéis ocasión, no os lo perdáis, porque es toda una experiencia ver a estos cuatro...o más bien cinco, si contamos a Gina, claro.

Los super-tramposos...o cuatro por uno

Supertramp, miercoles,15 de septiembre, Palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid


He tenido que pensarme si escribía o no sobre el concierto de Supertramp. Por una parte el cuerpo me pide que de mi opinión sobre un concierto de una banda tan legendaria – que además yo tenía muchas ganas de ver en directo -, pero por otra tengo la costumbre de no escribir sobre algo si no me emociona lo suficiente y este es el caso. No obstante, como hay mucha gente que sabía que iría al concierto, y para evitarme contar lo "frio" que me dejaron más de una vez, me he decidido a escribirlo aquí. Así a quien me pregunte no tendré más que decirle "a mi blog me remito".
Supertramp. Palabras mayores. Con unos 13 o 14 años de edad descubrí yo a esta banda, justo cuando su celebérrimo "Give a little bit" los hizo mundialmente famosos. En la pequeña y provinciana Almería, un joven melómano como yo solo podía soñar con ver un directo de uno de estos grupos. Hablo de la época en la que los grandes grupos de rock o bien no pasaban por España - que era lo más normal - o solo iban a ciudades como Madrid y Barcelona. Añadamos a esto que, en ese hipotético caso, yo no tenía posibilidades de hacer un viaje con ese propósito - posiblemente mi padre me hubiese mirado con ojos de asombro, caso de planteárselo - pues la cuestión es que pensé que posiblemente nunca vería a los Supertramp - y tantos otros - en directo.
Pero los tiempos han ido cambiando, y a veces Mahoma (o sea...yo) va a la montaña (o sea...a Madrid), y otras...resulta que Mahoma (o sea...los grandes grupos)....me sorprenden y vienen a la montaña (o sea...a Almería). Cosas de la vida. En esta ocasión, resulta que coincidíamos en Madrid, así que me dije "Ramón, otra asignatura pendiente que vas a aprobar: ¡¡¡ por fin vas a ver a Supertramp!!!".
Hace un par de años tuve la suerte de ver Roger Hodgson, antiguo miembro y alma del grupo y, por ende , autor de sus mayores éxitos, recaló por Almería. Disfrute muchísimo de ese concierto (podeis leer mi crónica en http://mastritomusic.blogspot.com/2007/10/roger-hodgson-el-mago-de-las-melodas.html) , pero pensé que me quedaba por ver a la otra mitad del genial tándem compositivo: Rick Davies, que sigue al frente de la banda.
Pues bien, posiblemente hubo muchos factores para que saliese de allí tan decepcionado. Uno de ellos, la situación en el pabellón. Las entradas las compró mi hermana, que además tuvo el detalle de invitarme (buen regalo de cumpleaños, ¡¡¡ si señora!!!), y en su afán de que estuviésemos cómodos y bien situados, adquirió entradas de gradas en lugar de las de pista (a mi me suele gustar mas estar a pie de escenario). Resulto que no eran las que esperaba, y estábamos situados algo mas lejos del escenario de lo previsto.
No obstante, eso no hubiese sido determinante si no se hubiese juntado con la mala calidad de sonido. Sorprende que un grupo como este pueda sonar tan mal. Solamente se escuchaba con claridad la voz de Davies, algo a lo que supongo que los técnicos prestaron especial atención. En el otro extremo, y por poner un ejemplo, me dio la sensación de que no había bajista, y lo había, al menos por allí estaba danzando, con un bajo colgado. En lugar de un sonido claro de bajo, se escuchaba como una especie de zumbido o bola de sonido bastante deplorable. El resto de instrumentos, lógicamente, se vieron influenciados por esto, y tampoco se escuchaban de forma optima, incluido el piano acústico, sonorizado con un pésimo mal gusto. Para ese sonido, podían haber puesto un piano Casio de gama baja, y andando.
Dejando esto claro, paso al repertorio. Eso me lo esperaba, claro. Previsible, muy muy previsible. Pero es lo que todo el mundo quiere oír, claro, y lo acepto como parte del juego de la nostalgia. Empezaron con la suavona y nada sorprendente "You started laughing", tema que nunca grabaron en estudio y que yo escuché por primera vez en su el famoso "Paris". Nada más comenzar el tema un horrible acople enturbió aún más el espeso sonido que nos llegaba, que además carecía de la potencia suficiente llenar para un pabellón como ese, donde posiblemente estábamos unas 10000 almas.
Una a una fueron cayendo todos tus exitos: "Breakfast in america", "Logical Song", "It´s raining again", "Cannonball" - tema pesadísimo donde los haya - "Ain´t nobody but me" o "Goodbye stranger"
Especialmente me gustó escuchar a Davies solo al piano, con un sencillo, pero sentido, tema llamado "Downstream", del disco “Even in this quietest moments” y que en su día fue la cara B del single de "Give a little bit". Muchas veces la he tocado yo al piano, por el placer de hacerlo.
Sí que me sorprendió que tocasen "Poor boy”, porque creo que no suele estar en su repertorio habitual. Sin embargo, no me gusto nada la larga y pesada versión del "Another man´s woman", con una insulsa e interminable improvisación de piano de Davies. Como intuyendo el aburrimiento, a la derecha del escenario se colocó a un tipo en bañador bajo una sombrilla, imitando la portada de su famoso álbum “Crisis, what crisis”.
Sonaron también temas menos conocidos- los originales de Davies, precisamente - , pero de gran calidad, como "Bloody well right" - uno de los mejores temas de Supertramp, del que indudablemente es su mejor disco “Crime of the century”, el ya himno "From now on", "Rudy", con su típico video de trenes, o el particular blues-pop- "Put on your old brown shoes". Lógicamente, al tratarse de composiciones de Rick, son los que mejor suenan, ya que escuchamos la voz y piano originales que los concibieron.
Para terminar, y como bises, tan previsibles que mi hermana se sorprendió cuando se los "chivé" casi todos al oído antes de que los hiciesen: "School" - que sonó realmente blandita, sin la fuerza que ha hecho que esa canción siempre me pusiese los pelos de punta -, "Dreamer" – en versión reducida - y "Crime of century". No volvieron al escenario a saludar tras ellos. Supongo que ya habían “fichado la salida”.
De la banda original solo quedan tres miembros: El mencionado Davies, que es el compositor de la mitad de los temas, y al que yo siempre he respetado al mismo nivel que a su colega Hodgson. De hecho me parece que parte del encanto de los Supertramp de los 70 se debe también a su toque "bluesero" y sus teclados más cercanos al "rhytm´n´blues" que al pop. La unión de esas influencias con el genio melódico de Hodgson es lo que hizo que los primeros discos de la banda fueran sencillamente geniales.
Los otro dos “supervivientes” son el batería Bob. C. Benberg y el saxofonista y showman John Anthony Helliwell.
Benberg hizo su papel, con sus golpes contundentes y calcados a los que daba en cada correspondiente disco, y Helliwell intentó, como es habitual en él, animar un poco al publico – Davies no abre la boca en todo el show, salvo para cantar claro - pero creo que no lo consiguió. La típica broma sobre lo bueno que está nuestro jamón y nuestro vino, la camiseta del Real Madrid, etc. Vamos…que no se calentó la cabeza. Realmente, en ocasiones, me dio esa triste sensación que se transmite cuando los músicos están ahí sin pasárselo bien, sino simplemente trabajando, echando "el jornal".
El resto de músicos no eran muy destacados, pero hacían bien su labor. De el bajista - Cliff Hugo - no puedo opinar por el sencilla razón de que no lo escuché. El guitarra solista - Carl Verheyen - intentó calcar los solos de Hodgson, los 2 cantantes intentaron cantar como Hodgson, o tocar guitarras y teclados mientras cantaban como lo hacía Hodgson. Sinceramente creo que no lo consiguieron. Por ahí estaba también el hijo del batería, Jesse C.Benberg - en apoyo de teclados, pasando también bastante desapercibido. Y un trompetista que también cumplió con su papel, sin destacar demasiado, salvo en los arreglos de trompeta con sordina en “Poor boy”.
Rick Davies para sustituir a su antiguo socio Roger Hodgson necesita a 4 músicos. Debería mirarse eso.
En definitiva, para que seguir haciendo leña del árbol caído. Estos Supertramp no son aquellos con los que yo soñaba a mis tiernos 14 años. Han perdido la fuerza y, lo que es más importante, han perdido a Hodgson. Si algún día se reconcilian, volveré a asistir a un directo de ellos. Si no, dudo mucho que tropiece más veces en esta piedra.

Una tarde sin banda sonora

Todos eran mis hijos, de Arthur Miller, martes, 14 de septiembre de 2010 , Teatro Español (Madrid)

Que me perdonen los aficionados al teatro, porque seguramente voy a meterme en "camisa de once varas", pero como ya me he acostumbrado a escribir sobre los espectáculos a los que asisto, y en esta ocasión se trataba de una representación de la famosa obra de Arthur Miller, al menos voy a dar mi opinión, aunque reconociendo que me muevo en terrenos pantanosos y desconocidos para mi, a nivel técnico sobre todo. Dicho esto, y esperando que los expertos sean indulgentes, ahí va mi opinión.
La invitación a acudir a esta representación vino de parte de mi hermana que además de vivir en Madrid desde hace unos añitos, resulta que sí que es un verdadera aficionada - y a veces más que eso, pasando a la práctica - a este noble arte de la interpretación. Me llamó unos días antes de mi partida hacia Madrid para comentarme que tenia intención de ir a ver dicha obra con otros amigos y con el típico "¿te apuntas?". Casualmente cuando me dijo de que obra se trataba, recordé que ya había visto yo una noticia sobre ella en un telediario reciente, y que me llamó la atención, por la juventud del director, Claudio Tolcachir, un argentino que ya había tenido otro gran éxito en Madrid, y también por algunos de los actores, como Carlos Hipólito, Gloria Muñoz, Manuela Velasco y, sobre todo, por el mas mediático Fran Perea. Y, como no podía ser de otra manera, me apunté.
De entrada tengo que reconocer que al no estar acostumbrado a asistir en demasía al teatro - en Almería tampoco vienen tantas compañías y, caso de venir, siempre hay algún concierto que me interesa más - tiendo a impresionarme con más facilidad que los que acuden asiduamente. Ver y escuchar a un actor en directo tiene un encanto especial que no existe en el cine ni la televisión, y por tanto , suele gustarme casi todo lo que veo. Buena boca teatral, se llamaría esto.
El argumento de la obra me pareció muy interesante, planteando algunos dilemas éticos y morales entre los personajes, y que podrían extrapolarse a muchas situaciones reales. Un viejo empresario, en la América de los 50, tiene que cargar con la sospecha de una turbia venta de material defectuoso que ocasionó una desgracia aerea, y que además llevó a la cárcel a su socio. Para complicar las cosas, uno de sus hijos desaparece en combate, su esposa se niega a aceptar su muerte, y su otro hijo está enamorado de la novia de su hermano muerto, que para mas "inri" es hija de su ex socio – que está a punto de ser excarcelado - . La obra comienza cuando el hijo invita a casa a la antigua novia de su hermano, para proponerle matrimonio.
Argumento interesante, complejo, pero nada enrevesado, con unos personajes creo que muy bien construidos, y con algunas pinceladas de humor para relajar el ambiente de vez en cuando.
En fin, no voy a descubrir yo a Arthur Miller ahora, claro. Es uno de los más importantes dramaturgos del Norteamérica, y por algo será.
Respecto a las interpretaciones, creo que Carlos Hipólito está realmente bien - siempre y cuando uno no cierre los ojos y crea que está escuchando al niño de "Cuentame". Cosas de la televisión. La actriz Gloria Muñoz, en el papel de su esposa también creo que lo borda. Sin embargo la pareja joven, Manuela Velasco y Fran Perea, no me parecieron tan convincentes, dentro de que creo que no lo hicieron nada mal. Lógicamente, se ve que en esto del teatro, más que en otras cosas, la veteranía es un grado.
La escenografía era sobria, pero magnifica para lograr meternos en la historia. A la izquierda un trozo de la vivienda de los protagonistas con la puerta que da al jardín, donde transcurre prácticamente toda la acción, y por el que van pasando todos los personajes. Al fondo una arboleda muy bien simulada. Y poco más. Suficiente, ya que la fuerza de la obra estaba en los diálogos.
Total, que creo que fue un acierto asistir a la obra, no todo en la vida puede ser música. De hecho...precisamente algo que me llamó la atención es que...prácticamente no se escuchó música de fondo en el montaje. A veces las palabras tienen tanta fuerza que acompañarlas con una melodía se hace totalmente innecesario.

Se desborda el Rio de la Plata

Guillermo Calliero Cuarteto, lunes 13 de septiembre de 2010, Café Central (Madrid),

Con septiembre llega la vuelta al cole, las colecciones en los kioscos, los propósitos de aquí a fin de año...y, en mi caso, vuelven los viajes a la capital con la loable intención de seguir acumulando conocimientos a nivel profesional. Pero, como es costumbre también en mí, no suelo desaprovechar la ocasión para pasearme por el Madrid cultural, mayoritariamente musical aunque, como veréis, tampoco hago ascos a otras opciones igual de interesantes.

En este caso reconozco que pensé que me vendría bien un poco del fresquito que suele llegar por esos lares en cuanto el verano llega a su fin, pero me equivoqué: posiblemente he pasado más calor que si hubiese estado en Almería, que ya es decir. Nada es perfecto, y dejaremos para otra ocasión el disfrute que para un sureño supone pasar un poquito de frio de vez en cuando.

A lo que voy, el mismo lunes por la mañana ya cogí ese rápido TALGO mañanero del que todos los almerienses "disfrutamos", ese con el que nuestro ya famoso cómico Pepe Céspedes bromea con eso de "salgo de Almería a las 7 de la mañana y...llego a las 2 ¡¡¡¿A ver qué hago yo ahora con tanto tiempo por delante en Madrid???¡¡¡". Sarcasmos aparte, reconozco que el viaje por la mañana no se hace tan pesado, y me permitió asistir a un pequeño curso esa tarde (uno extra al que me habían convocado a última hora) y poder asistir esa noche a la actuación del Café Central, lo cual era más interesante para mí.

La actuación del Central era una de mis prioridades en mi agenda cultural de la semana, puesto que el pianista del cuarteto que actuaba era ni más ni menos que el gran José Reinoso, uruguayo afincado en España desde hace ya algunos años, y que tuve la suerte de ver en Almería hace un par de años con el cuarteto Arguy, de Carlos Carli. Además he escuchado varias grabaciones suyas, y por tanto sabía muy bien que, en lo que a piano se refiere, iba a disfrutar mucho escuchándolo.

Sin embargo no conocía al resto de la banda, empezando por su líder, el trompetista argentino Guillermo Calliero, que además presentaba su trabajo "Barcelona Hora Cero".

A las 21:00 horas ya estaba yo sentadito en primera fila en el Central, justo al lado de la banqueta del pianista, haciéndome la ilusión de que...en caso de desfallecimiento de Reinoso, podría yo echarle una mano. Nada más lejos, porque a este hombre habría "que echarle un galgo" para tocar con su maestría y virtuosismo. Bueno, como soñar no cuesta, mientras cenaba eso era lo que yo pensaba.

Con la puntualidad que caracteriza al Central, a las diez de la noche comenzó un verdadero festival de buen jazz, en el que se mezclaban el mas puro bop y hard-bop, con ciertos aires tradicionales porteños que no eran de extrañar dada la procedencia de varios de los músicos. Los aires de tango estaban por ahí presentes cada vez que te descuidabas.

"Barcelona hora cero" fue su obertura, dejando claro que presentaban ese trabajo, y también dejando claro que íbamos a disfrutar. Tema potente desde la primera nota, que constataba que no necesitan demasiado calentamiento para extasiarnos.

Siguieron con "La nochera", una mezcla entre samba tradicional y "groove", y para calmar y templar me sorprendieron con uno de mis temas favoritos de Ivan Lins: "Bilhete". Tema de una compleja armonía que dificulta enormemente cualquier improvisación, pero que a músicos como estos no asusta lo más mínimo.

Cerraron el primer pase con el tema de Piazzola "Buenos Aires Hora cero" y me dejaron literalmente pegado a mi asiento. !!!Cualquiera se movía de allí¡¡¡

La segunda parte la iniciaron trompeta y piano a solas, con un tema de Gardel, de conocida melodía, pero que no puedo recordar su título - o quizás no lo dijeron - y siguiendo con la mezcla jazz-tradicional atacaron una melodía que me fascina: "Arenosa", original de Mercedes Sosal, pero que yo ya había escuchado adaptada al jazz en otras ocasiones. sin ir más lejos, el mismo Reinoso interpreta otra versión en su disco a dúo con Antonio Serrano "Zamba nueva"

Acabaron con un tema llamado "Montevideo" y con una maravillosa versión de "El día que me quieras", donde Guillermo nos deleitó con la trompeta hasta límites insospechados.

Como bis, nos regalaron con un tema de José Reinoso llamado "Marcelo´s blues".

Si el repertorio fue variado e interesante, que decir de los ejecutantes: Guillermo Calliero me pareció un fantástico trompetista, imaginativo y con todo tipo de recursos, pero sensible y sin aprovechar la potencia de su instrumento para impresionar, sino, bien al contrario, sacándole partido con mucho sentido.

Reinoso, como ya comenté al principio, se trata de uno de mis pianistas favoritos. Posee una gran técnica, y consigue que todo lo que toca suene interesante, tanto a nivel de acompañamiento como en sus solos. Toda una referencia para cualquier pianista. El pasado verano pude verlo – en los conciertos que La 2 emite a altas horas de la madrugada - con la banda de Sole Gimenez (la ex-Presuntos implicados) y puedo asegurar que subía el nivel general de la banda, que por otro lado era bastante buena.

La sección rítmica, desconocidos ambos para mi, realizaron también un fantástico trabajo. El bajista Martín Laportilla acompañó de forma impecable y nos mostró con un par de solos que también sabia de que iba la cosa, Lástima que no tocase el contrabajo, no sé si porque no se terció así...o porque es bajista eléctrico habitualmente, porque creo que la música que hacían se adaptaba mas la versión acústica del instrumento.

El batería venezolano Juan Pablo Berbin era todo energía. Técnicamente muy bueno, pero destacaba la gran pegada que poseía. Fantásticos algunos momentos logrados entre él y Reinoso: pequeños duelos piano-batería en los que nos dejaban sin respiración. Para mi gusto en algunos momentos tocó demasiado fuerte, máxime cuando el piano no estaba amplificado, de forma que en ocasiones - y os recuerdo que yo me encontraba justo al lado del piano - me costaba escucharlo.

En definitiva, y ya creo que he usado esta frase en muchas ocasiones en este blog, una magnífica noche de música en el Central. ¡¡¡ Y que nos dure !!!. En estos tiempos, más que en cualquier otro momento, todavía parece más complicado mantener un local como este, con esta calidad en su oferta, y programando jazz en directo sin interrupción, de lunes a domingo. Hasta en una capital como Madrid esto ya empieza a ser un lujo, al alcance de todo aquel que sepa llegar a este rincón en la Plaza del Ángel. Buen comienzo de semana, la verdad.

Para el día siguiente tenía previsto sustituir las artes musicales por las escénicas, y como veréis tampoco me fue nada mal.

sábado, 21 de agosto de 2010

Fusión junto al mediterráneo

Josemi Carmona, Diego Cruz y Paco Rivas, viernes 20 de agosto e 2010, La Jaima de Costacabana (Almería)

La noche acompañaba, fresca - dentro de lo fresca que puede ser una noche de agosto en Almería – con una leve brisa que subía del cercano mediterráneo y una luna que alumbraba lo justito. Aparcamos en el improvisado e irregular “parking” – por llamarlo de alguna forma - de la Jaima de Costacabana, a tientas, porque las luces allí brillan por su ausencia. Nos encontramos con Diego Cruz y María Miras – organizadora del evento – y junto a nosotros aparca otro coche, del que se baja Juan “El Camborio”, que acudía también como espectador. Comencé a intuir que la noche iba a dar mucho de sí.

Acudíamos a la reunión de dos artistas: el guitarrista Josemi Carmona (uno de los miembros de Ketama) y el cantante almeriense Diego Cruz. Cuando músicos de gran calidad como los que cito coinciden en un escenario, nada malo puede salir de ahí.

Y la jaima llena a reventar. Nadie quería perderse “el encuentro”.

Junto a lo flamenco de la guitarra de Carmona y al “soul” que la garganta de Diego Cruz lleva prácticamente tatuado, estaba también la sabiduría y el virtuosismo del guitarrista almeriense, pero universal ya, Paco Rivas, que realizó la importante labor de ser el nexo que hacía posible la unión entre esos dos mundos que son, por un lado , el flamenco, y por otro el jazz, el blues y el soul. Completándolo todo, y para que ritmo no faltase, el percusionista Moisés Santiago aportaba su cajón flamenco.

El repertorio, por lógica, también debía de ser heterogéneo, como las personalidades musicales que se reunían allí, y para dejar claro de que iba la cosa, eligieron para comenzar lo que ya se ha transformado en un himno del flamenco-jazz: “Spain” de Chick Corea.

Escuchamos algunos de los temas clásicos del repertorio de Diego Cruz, como la versión aflamencada del famoso tema de EllingtonCaravan”, una intima y maravillosa “Yesterday”, a solas con la guitarra de Paco Rivas, un “Georgia on my mind” por bulerías –¡¡¡ si Ray Charles levantara la cabeza !!! – y el clásico de Horace SilverSong for my father”.

Por parte de Josemi Carmona, además de algún tema instrumental de factura propia, era natural recordar algunos temas de Ketama que tanta popularidad le han dado, así que en su guitarra y en la voz de Diego Cruz sonó en primer lugar el tema ”Problema”.

Como espectador de lujo, dos mesas mas allá de la nuestra, nuestro internacional guitarrista José Fernandez Torres “Tomatito”, seguía la jugada atentamente, y aunque él se limitó a disfrutar de la noche, su hijo – Jose Fernandez, también – fue invitado a subir al escenario y nos dejó claro que la sangre del “Tomate” corre por sus venas.

Otro momento especial de la noche: dúo de guitarras. Paco y Josemi tocando una versión de la emotiva “El emigrante”

Más adelante, y con la incorporación al escenario de otro de los fantásticos músicos que figuraban entre el público, el cubano Luis Barbería - que nos encandiló con sus habilidades de percusión vocal, así como con sus magníficas segundas voces -, sonó “Flor de lis”, precioso tema del grande de la música brasileña Djavan, cuya versión en castellano también supuso un gran éxito para la carrera de Ketama.

Y finalmente, para interpretar el no menos famoso “Se dejaba llevar”, además de Barbería, fue también invitado otro miembro de la familia Carmona y , a la sazón, co-fundador de Ketama: Juan CarmonaCamborio, así como su mujer Mari Carmen en las voces. Siete músicos sobre el pequeño escenario de la jaima, deleitándonos con esa pegadiza melodía del “se dejaba llevar por ti”.

Diego lo dio todo con su voz, alcanzando notas imposibles, jugando con las melodías y no había más que mirar su cara para notar que reflejaba su felicidad interior. No era para menos, porque tanto Paco Rivas- que ejecutó magníficos solos, con esa coctelera musical que pocos músicos poseen – como la guitarra flamenca de Josemi Carmona, y el cajón de Moi, hicieron que su voz brillase más que nunca.

Allí sentado junto a mi amigo Chipo, que tampoco quiso perderse el evento, con la cervecita en la mano, la brisa marina acariciándonos y lo que estaba ocurriendo bajo las intimas luces del escenario, no tuve más remedio que pensar “¡¡ Que privilegio estar aquí esta noche !!”.

domingo, 20 de junio de 2010

Homenaje a The Doors: Humo, sudor y buen rock´n´roll

Banda "Homenaje a The Doors", La Cueva (Almería), 19-06-2010


Tras el concierto del día anterior, con la banda de Al Di Meola dejándonos a todos los asistentes totalmente estupefactos, el sábado se presentaba con una oferta completamente distinta, aunque también muy interesante.
Hace unos meses, charlando con el buen guitarrista almeriense
Antonio Verdegay, en uno de los conciertos del grupo "Malas compañias", este me puso sobre aviso de que formaba parte de un proyecto en preparación de una banda que realizarían un homenaje a "The Doors". Inmediatamente pensé en que "The Doors" era - y sigue siendo - el grupo favorito de mi hija mayor - y, quizás de tanto "machacarle" el oído su hermana - también ya de mi hija menor, por lo que me prometí a mi mismo estar al tanto de esa información en fechas venideras, por que podría estar bien un "concierto en familia".
Y resulta que gracias a este fenómeno tan curioso - y útil en muchas ocasiones - de la redes sociales, la pasada semana me llega una invitación de Facebook al concierto "Homenaje a The Doors" en La Cueva, conocido local almeriense que goza del prestigio de ser el punto de reunión de la gran mayoría de los muchos músicos de la capital.


Por otro lado, aparte de esta motivación "familiar", también reconozco la expresión "Homenaje a..." siempre despierta mi atención. Ya lo he comentado en anteriores ocasiones, y lo repito, cuando un grupo realiza un homenaje o "cover" de otra banda - o artista - me merece todos mis respetos, y siempre hay que dar una oportunidad para ver lo que muestran, con la esperanza de que esos músicos hayan realizado un trabajo serio de estudio y ejecución de la obra de otros artistas anteriores a ellos. No es mas que lo que hacen los músicos clásicos cuando interpretan obras de Bach, Bethooveen o Liszt: interpretan algo ya compuesto, tratando de hacerlo con sentimiento y honradez. En el caso del rock también puede hacerse, lo que pasa es que sustituimos esos excelsos nombres antes citados por otros no menos respetables como Queen, The Beatles o, como en este caso, The Doors.
La "papeleta" que tenia por delante esta banda - cuyo nombre, ahora que caigo, no conozco...o no lo tienen - no era nada sencilla, porque interpretar los temas de la banda de Morrison son palabras mayores.
Aunque nunca tuve demasiada afición a esta banda cuando era joven - no puede uno estar en todo - haciendo memoria - aprovecharé mientras me siga funcionando tan bien para estos temas musicales - resulta que en mi adolescencia si que me compré un disco de vinilo de ellos: "The soft parade". Reconozco que durante años formó parte de mi discoteca particular pero sin ser de mis discos favoritos, ya que mis preferencias por aquella época se inclinaban mas al rock progresivo y sinfónico, con grupos como Genesis, Yes, Camel o King Crimson y mas tarde, cuando di "el salto" pasé directamente al jazz, dejando un poco de lado muchos grupos interesantes de finales de los 60 y principios de los 70 como Cream, Allman Brothers o la banda que nos ocupa, The Doors. Esto no quiere decir que nunca los haya escuchado, pero si que no tengo un profundo conocimiento de su discografía, cosa que estoy tratando de remediar poco a poco.
Pues, dicho esto, llegamos a la noche de la presentación. El lugar, La Cueva, y haciendo honor a su nombre, las noches de concierto su sótano se transforma en un garito abarrotado de humos, olores - mas o menos agradables - y cervezas. Como debe ser, por otra parte. Echándole valor para atravesar el ya numeroso gentío que llenaba el sótano, logramos mis dos retoños y yo colocarnos bastante cerca del escenario, algo esquinados - debía de ser mi sino este fin de semana - pero en buena posición para disfrutar de los decibelios necesarios en un buen concierto de rock.
La banda - seguiré llamándola así, salvo que me saquen del error de que no tiene aún nombre - estaba compuesta por varias caras bien conocidas para mi, y otras no tanto.
Comenzaré de mayor a menor, y no me refiero a la edad. En la batería, mister Antonio Díaz, para mi gusto el mas completo batería de rock que tenemos por aquí. He tenido la suerte de compartir algunos escenarios con el, ya que es el batería de nuestro grupo homenaje a Paul McCartney "Band on the run". Además también este año hemos coincidido en estudio durante la grabación del nuevo disco de Rosendo Alvarez, de cuya banda vamos a formar parte en breve para la presentación de dicho CD en directo. Vamos, que empuñando las baquetas sabia yo ya que había un valor tan seguro como los bonos del tesoro - o, con los tiempos que corren yo diría que más. Nada mas comenzar el concierto - y hasta el final - me corroboró que yo estaba en lo cierto. Impecable su trabajo en los tambores. Se nota que este es el estilo que mas le atrae, y su cara de felicidad anoche era comparable a la que pone cuando toca con otro de los mejores grupos de rock de Almeria: "La Raspa".


En la guitarra, Antonio Verdegay. Otra garantía. Yo lo he visto con el grupo homenaje a Sabina "Malas Compañias", y en algunos vídeos del homenaje a Pink Floyd, y no tenia que escuchar mas para saber que se trata de un buen guitarrista. En este caso, además, y como la ocasión se prestaba, también me ha demostrado que tiene "el blues" dentro, y que es un
excelente improvisador, al menos en lo que al rock se refiere. Grande su trabajo en el grupo.
En el bajo, otro conocido para los almerienses, Esteban Vargas, que también toca en bandas como "Malas compañias" o "La extraña enfermedad de Sarah Perkins". Como todos los bajistas, su trabajo es menos llamativo pero en ocasiones se trata del mas importante, pues si el bajista no es seguro y solvente, la banda no funciona, y muchas veces uno no sabe muy bien porque. Este no era el caso, porque Esteban realizó también un trabajo sólido e impecable en cada uno de los temas de la banda.
Y llegamos a los desconocidos, al menos para mi. El teclista, Angel Salazar, tenia por delante tambien una gran responsabilidad, ya que si el indiscutible líder de The Doors fue Jim Morrison, no es menos cierto que parte del sonido característico de la banda se debió al teclista Ray Manzarek, con sus órganos y pianos eléctricos. Aquí sinceramente tengo que hacer alguna crítica, pero siempre constructiva. A nivel de sonido, los teclados dejaron bastante que desear por dos motivos muy claros: en primer lugar el bajo volumen que salia de escenario y en segundo y mas importante, la baja calidad del teclado en si. No pude ver la marca, pero los sonidos dejaban mucho que desear. Lo primero se soluciona sencillamente dándole mas caña al canal de la mesa donde iba el teclado. Lo segundo ya cuesta unos cuantos euros mas, pero también tiene solución. No obstante, y en tan poco favorables condiciones, Angel logro crear el ambiente que los temas requerían.
Y llegamos a la pieza fundamental en esta banda: el cantante. Esto si que me inquietaba. Hay grupos donde el vocalista es secundario, o al menos, no tan importante - los mismos Pink Floyd, por ejemplo - pero en The Doors, si no hay un buen "Morrison" no hay nada que hacer. Miguel Moreno - aunque todos le llamaban Micky - tuvo la responsabilidad de cantar y recordarnos a Jim. Y, para mi gusto, lo consiguió. Le puso sobre todo fuerza y "feeling", aunque sin descuidar la entonación, que fue bastante aceptable. Digamos que se metió perfectamente en el papel, y nos hizo disfrutar a todos de ello.
Pues bien, esta banda hizo un recorrido cronológico por la legendaria - y, lamentablemente, escasa - discografia del grupo americano. Llegados a este punto, tengo que reconocer que aquí he contado con la ayuda de mis dos hijas. Paula, la mayor, por su conocimiento de la banda, y Marta, la menor, por su gran memoria. Ambas me han echado una mano a la hora de recordar el "setlist" de la noche.
Comenzaron con temas del primer disco "The Doors", como "Break on through" - creo que comenzaron con esta - la conocidisima y en su día controvertida "Light my fire" y "Alabama song" (esta última yo la recuerdo mucho mas en una curiosa versión de David Bowie que os recomiendo escuchar).
Del LP "Strange Days" sonaron "People are strange" y "Love me two times", del "Waiting for the sun" los temas "Love Street" y y la potente "Five to one".
De otro de sus clásicos "Morrison Hotel", dejaron caer temas como "Peace Frog" o el blues lento "The spy", y finalmente del ultimo disco "L.A. Woman" nos ofrecieron temas como "Love her madly", la también exitosa "Riders on the storm" -con efectos especiales de tormenta incluidos -, el blues "Car hiss by my windows", y para terminar, la que da título al disco "L.A.Woman".
Un buen recorrido por su discografía que imagino irán aumentando si el proyecto sigue adelante - comentaron un futuro concierto en el teatro Apolo de la capital, que espero no perderme - pero suficiente para un concierto de presentación.
Ante las reiteradas peticiones del "respetable" y dado que - cosas que pasan, lo se por experiencia - el repertorio se había agotado, como bis tuvieron que repetir el "Light my fire", y tampoco nos importó mucho, ya que realmente es lo que nos pedía el cuerpo. Cuerpo, por mi parte, bastante maltrecho ya después de casi tres horas de plantón, cerveza en mano, y con los ojos bastante enrojecidos por el abundante humo que invadía el local. Es lo que tiene la música en directo.
Tras el concierto, y mientras intentábamos "escapar" y respirar algo de aire puro, pude ir saludando a muchas caras conocidas que tampoco se perdieron el evento: otro magnifico guitarrista, Javi Maresca, el bajista Javi Dominguez ("El vecino"), el cantante Abelardo Navarro, el percusionista Jose Villodres, el flautista Pedro Caro, el gran melómano Nico, o el batería Tati Lopez. En fin, una buena representacion de la música almeriense que, como esta mandado, acuden a ver a sus colegas, y además se lo pasan "como los indios". ¿De eso se trata, no?


(Fotos by Paula García)

Al Di Meola, como un buen vino español.

Al Di Meola, Auditorio Maestro Padilla (Almería) 18-06-2010

Nunca se sabe cuando va uno a sorprenderse y disfrutar con esto de la música. Hace mas de dos meses me enteré de que Al Di Meola venia a mi ciudad - Almería - como parte de nuestro festival de guitarra "Julian Arcas" y reconozco que, en principio, no despertó en mi una gran emoción.
Di Meola es uno de esos guitarristas que siempre han estado ahí pero que nunca llamó tanto mi atención como para comprarme un disco suyo. Aunque reconozco que si que he sido un gran fan de la etapa eléctrica del "Return to Forever" de Chick Corea, a mediados de los 70, formación de la que fue miembro este guitarrista, y en la que tuvo un gran protagonismo.
Pero lo cierto es que normalmente tiendo a huir de los músicos virtuosos, y para que me aficione a alguno de ellos tienen que demostrarme que bajo esa coraza de las escalas vertiginosas existe algo mas que decir. En ese sentido, hay músicos como Oscar Peterson o mas recientemente Michel Camilo o Hiromi Uehara que han demostrado que es posible combinar virtuosismo con sensibilidad y creatividad, pero hasta la fecha Al Di Meola no me lo había demostrado.
No ayudaban mucho los recuerdos de aquellos conciertos con John McLauglin y Paco de Lucia, en los que el trio de super-guitarristas hacían verdaderos juegos malabares que dejaban con la boca abierta a propios y extraños. Y no es que no me gustasen esos 3 músicos, pero aquello a veces parecia mas una serie de ejercicios de virtuosismo, elevados a la máxima potencia, que música. Bien estuvo si en su momento sirvió para que mucha gente se aficionase al jazz (Paco de Lucia, incluido), al flamenco y a la buena música en general, pero particularmente a mi no me entusiasmó demasiado. De hecho, hace poco tuve el placer de ver un magnífico documental sobre Paco De Lucia, donde el genial guitarrista contaba de viva voz las enormes dificultades que tuvo al principio para seguir las "desenfrenadas carreras" de sus compañeros de escenario, máxime cuando él mismo reconoce que en ese momento no conocía los secretos de la improvisación jazzistica, e intentaba seguirlos acorde a acorde, haciendo que se volviese literalmente majareta intentando hacer un solo coherente a base de ir buscando las notas que entraban en cada acorde, cuando los cambios entre estos tardaban milésimas de segundo.

La cuestión es que acudía yo al Auditorio Maestro Padilla un poco receloso, pensando si no iba a encontrarme con otra demostración mas del tipo "mirad cuantas notas puedo dar en un segundo, señores!!!!". Me coloqué en mi privilegiado asiento de la fila 1 - que conseguí gracias a la preocupación y generosidad de algunos estupendos amigos - ellos saben quienes son - y comenzó el concierto.

Lo primero que me sorprendió es el buen envejecer que ha tenido el señor Di Meola. A sus 56 años sigue teniendo prácticamente el mismo aspecto que lucía en los 70 (excepto por las gafas, algo en lo que creo que todos los cegatos del mundo hemos mejorado desde esa época de infames diseños en lo que a gafas se refiere).
Bromas aparte, cuando la música comenzó a sonar empecé a darme cuenta de que, en este caso, los años y, por tanto, la experiencia, habían efectuado cierto cambio en este guitarrista. Su fraseo sigue siendo reconocible, su forma de tocar y su sonido, pero ahora toca mucho mas calmado, mas melódico, sin esa necesidad de demostrar en cada compás la tremenda agilidad de sus dedos que - por otro lado - hay que reconocer que la tiene, y mucha. La música que nos estaba mostrando era, sin duda, compleja: armonías preciosistas, muy orientales, pero con tintes brasileños - que siempre le han gustado - mediterráneos y porteños, con mucho por ahí del sonido Piazzola, compositor del que se declara gran admirador. Por no hablar de las amalgamas rítmicas, predominando los 6 por 8 - esta observación me la hizo mi amigo "el vecino", que entiende mas de ritmos que yo - y con unas complejas y endiabladas - por difíciles que no por rápidas - melodías. Pero muy poco de demostración virtuosa por su parte, dejando esas cuestiones solamente para, en ocasiones, acabar los temas de un modo efectista y contundente. Es decir, como el buen vino, Al Di Meola ha ganado con la edad, y ha ido desechando lo superfluo - la velocidad - quedandose con lo importante - la expresividad, evolución con la que hemos ganado todos.
Por supuesto hay que nombrar a sus compañeros de aventura actuales, que estuvieron a la altura de las circunstancias, y no era para menos porque no es fácil formar parte de la banda de uno de los "totems" de la guitarra mundial. Tengo que empezar por el fabuloso acordeonista - Fausto Beccalossi - que logró que se me olvidase que la formación no llevaba pianista - algo que suele decepcionarme siempre al comienzo de cada concierto - a los 10 segundos de comenzar. Las complejas melodías eran construidas siempre con el acordeón como co-protagonista, aunque a veces se convertía en foco principal de nuestra atención. La forma en que este hombre dominaba ese - para mi - complejo instrumento, y el partido que lograba sacarle creo que nos dejo a todos - por las conversaciones posteriores que he mantenido con amigos asistentes - totalmente boquiabiertos. En ocasiones daba la sensación de estar manejando un sintetizador, por como lograba jugar con toda la variedad de sonidos y efectos que conseguia.
Como complemento también, y como para dejar claro que él no iba de "figura", Meola se hacía acompañar de otro magnifico guitarrista, Peo Alfonsi, con el que empastaba tan perfectamente que en ocasiones me resultaba muy difícil distinguir de que guitarra salia cada nota. La sección rítmica también me pareció sobresaliente. Quizás haciendo un trabajo mas oscuro - suele pasar - el contrabajista cubano Victor Miranda estuvo muy solido, dejando el protagonismo al batería y el percusionista. Por mi situación en el auditorio - algo esquinada - tuve la posibilidad de observar con todo detalle a estos 2 últimos. El batería - Peter Kaszas -me pareció excelente para su juventud, y el veterano Gumbi Ortiz, un neoyorkino con aspecto cubano, nos hizo disfrutar a todos con su simpatía y su dominio rítmico. Y , lo mas importante, entre ambos existía mucha complicidad, algo básico para que la música camine.
Del repertorio interpretado tengo que reconocer que no puedo contar demasiado por 2 razones: En primer lugar por mi desconocimiento - voy a remediarlo pronto - de la discografía reciente de Meola y en segundo lugar por la parquedad en palabras por parte del maestro. Aclararé que su actitud en el escenario fue muy correcta, provocándonos incluso, en ocasiones, alguna sonrisa, como en el momento en que, simulando una discusión con el percusionista sobre la intensidad de las luces en el escenario (este quería menos luz, para pasar menos calor, y el guitarrista quería mas para poder leer las partituras) y que se zanjó con la colocación sobre la cabeza de Ortiz de la toalla de Al le facilitó, para que así pudiese secarse el sudor, dejando claro que lo importante era poder leer lo que había que tocar.
La cuestión es que, aunque si que hizo algunos comentarios sobre los temas que interpretaba, creo solo dio los títulos de unos pocos. O al menos, son los que yo pillé al vuelo. Por ejemplo, el llamado "Misterio", y que luego he visto que forma parte de su disco "The grande passion - World Sinfonía" - mas de uno de los temas interpretados creo que vienen de ese disco - o un tema compuesto por Gumbo Ortiz llamado algo así como "Cumbasero" (perdonadme si me equivoco en algo, pero no suelo llevarme bloc de notas a los conciertos, y después a veces me cuesta recordarlo todo).
Tras mas de 2 horas de magnífica música, con un auditorio abarrotado y entregado - y con razón - con esta magnífica demostración de "saber hacer" musical, la banda abandonó el escenario para volver inmediatamente, primero en duo (guitarra-acordeón) y mas tarde al completo, y terminar con un clásico de Paco de Lucia: "Rio Ancho". Como el propio Al Di Meola dijo durante el concierto - sinceramente agradecido a la audiencia - estamos "in the land of the guitar". Y de hecho, demostrando su amor a la guitarra española, esté fue el único instrumento que usó durante todo el concierto, y aunque en ocasiones hacia uso de su pedalera para sacar sonidos sintetizados, la base de su sonido estuvo en las cuerdas limpias de su preciosa "spanish guitar".
Y así, con la melodía flamenca del "Rio ancho" del maestro De Lucia sonando aún en nuestros oídos salimos todos - los casi mil asistentes, calculo yo a "ojo de buen cubero" - con esa sonrisa "de oreja a oreja" que se le queda a uno cuando acaba de presenciar un gran concierto, disfrutando de la charla post-concierto habitual en los exteriores del auditorio, y en este caso con la especial alegría para mi de compartirla con mi queridisimo amigo Paco Clares que, tras una larga enfermedad de la que felizmente se esta recuperando, volvió a disfrutar de una noche de música en directo, y además con uno de sus guitarristas mas admirados. Nada mas que por eso me hubiese merecido la pena la noche. ¡¡¡ Y pensar que estuve a punto de perdermelo !!!



sábado, 29 de mayo de 2010

Manos expertas para el rock´n´roll


Ariel Rot, sala Joy Eslava (Madrid), 27-05-2010

Los que me conocen saben que mis apetencias musicales son de lo más variado, y pueden oscilar de un extremo a otro con tremenda facilidad. Igual se me puede ver en un recital de música antigua, en una iglesia cualquiera – de las pocas ocasiones en las que accedo con gusto a ese tipo de recintos – como acto seguido, y en ocasiones en el mismo día, trasladarme al más oscuro de los antros, para escuchar a algún grupo de rock, pasando por el jazz, sea en clubs, bares de copas o festivales. Vamos, que no le hago ascos a nada – o casi nada – cuando de música se trata, y sobre todo en directo- que es la forma natura de escucharla (lo de los vinilos y los CD´s es un invento reciente).

Por tanto, cuando supe que iba a estar unos días en Madrid y realicé la pertinente batida por la red para ver que me deparaba la suerte en cuanto a lo musical no me circunscribí solo al jazz, sino que busque otras opciones y me topé con que – mire vd. que casualidad – el amigo Ariel Rot presentaba en la sala Joy Eslava su nuevo disco: “Solo Rot”.

Por si hay alguien que no sepa quién es este Ariel Rot, a él va dirigida esta explicación previa. Si digo Tequila posiblemente ese alguien soltaría un aliviado “ahhhh…a esos si los conozco”. ¿Quién no ha escuchado, cantado o, incluso, bailado – más mal que bien – ese “Rock´n´roll en la plaza del pueblo” , popularizado por esa magnífica banda que los alegró a todos el final de los 70 y principio de los 80?. Pues bien, ahí estaba el amigo Ariel, con sus ojos verdes y cara de niño malo – que aún conserva, todo hay que decirlo – demostrando que también en España se podía hacer buen rock, con una cierta estética “stoniana”, y llevándose a las chicas de calle – cosa que también siempre han hecho los Stones, claro.

Tras la disolución de esa banda, creo recordar que a final de los 80, destruidos por su propio éxito – que llego a alcanzar cotas muy altas – Rot comenzó a intentarlo en solitario sin demasiada suerte al principio. Los primeros años de la década de los 80, con el tecno y la movida realizó alguna grabación que, a mi entender es, cuando menos, olvidable. Si escucháis su disco “Debajo del puente” entenderéis a que me refiero. Por fortuna se dio cuenta a tiempo de que ese no era su camino, de que él había “nacido para el rock”, algo que sabe hacer como nadie. En un momento dado sus pasos se cruzaron con los de otro joven argentino llamado Andres Calamaro, y juntos formaron otra de las bandas más compactas y originales que hemos tenido por aquí; “Los Rodriguez”. En esta banda recupera – y él mismo dice que es lo que más le gusta – su rol de guitarrista – Ariel es un fenomenal guitarrista de rock – y se lanzaron de nuevo a la carretera y a los estudios de grabación, dando como fruto una discografía corta pero muy intensa, regalándonos un rock a veces más cercano al Dylan eléctrico, aunque también con aires porteños, demostrando que es posible hacer música de gran calidad…y que llegue a todo el público. (Tengo que reconocer que a “Los Rodriguez” yo no los he disfrutado en su época de éxito, debido a que yo en esos años andaba muy ocupado escuchando “todo el jazz del mundo, y más”, y me despisté un poco en lo que a pop y rock se refiere. Años después he rectificado, y me he “papeado” su discografía completa en más de una ocasión, lamentándome por no haberme fijado en ellos en esa época.)

Entre tanto ya iba también perfilando su carrera en solitario, y fueron editándose álbumes ya de una calidad muy superior a sus primeras incursiones como solista, como “Cenizas en el aire” o “Hablando solo”.

Una vez disueltos “Los Rodriguez”, su carrera en solitario ha continuado con bastante fortuna, quizás no en lo comercial – ya le resulta más difícil llegar a ser superventas, y tampoco creo que lo busque – pero si en lo musical.

Bueno, ¿nos hemos centrado ya un poquito?. La cuestión es que este chaval de 50 años al que fui a ver el pasado jueves a la Joy es parte fundamental de la historia del rock en nuestro país, y eso…son palabras mayores.

Yo ya había tenido la suerte de verlo en directo, en Almería, hace unos 4 o 5 años, en una gira “acústica” que realizó con motivo de la presentación de su disco “Lo siento, Frank”, pero realmente tenía muchas ganas de verlo en su vertiente eléctrica, que al fin y al cabo es como se debe mostrar un buen rockero. Así que os podéis imaginar el alegrón que me llevé cuando vi la posibilidad de presenciar su presentación del “Solo rot” – disco que llevaba yo ya como un mes escuchando con atención – y además…en Madrid. Para evitar sustos de última hora, y con la complicidad de mi hermana – que reside en Madrid- y que también se alegró de la posibilidad de ver a Ariel, hacia como unos 10 días que ya teníamos las entradas en el bolsillo.

El concierto comenzó sobre las 9 y 15 en una sala Joy a rebosar de fans totalmente entregados de antemano. Reconozco que yo mismo era uno de esos, claro. El primer tema, como esta mandado, de su nuevo trabajo, y además el que abre también el disco: “Una vida equivocada”, una ácida crítica a los típicos ejecutivos-agresivos con los que supongo que Ariel se las tiene que ver de cuando en cuando en el negocio de la música - como en tantos otros. Frases contundentes y de una bella simplicidad como esa de “Me gustan los billetes como a todos….pero no ganarlos de cualquier modo”, definen muy bien el estilo de Ariel, que se empeña en dar la razón al abuelo Miguel Ríos con aquello de que “los viejos rockeros nunca mueren”.

Tras ese contundente inicio, porque el tema es “stoniano” donde los haya fue sabiamente alternando sus nuevas canciones con sus melodías más conocidas.

De las nuevas, por ahí sonó también otro rock clásico, muy “tequilero” llamado “Problemas”, la cumbia-rock “Papi dame la mano” – que personalmente creo que no está a la altura de la calidad habitual de sus canciones - , la comercial “Dulce mirada”, o el que me parece mejor tema de su nuevo disco: “Manos expertas”. Autobiográfico, como muchas de sus canciones, nos cuenta sus sensaciones al llegar a los 50 tacos. Estrofas como “la crisis de los 40 la pase tomando absenta, y ahora con 10 años mas yo finalmente me di cuenta…que necesito unas manos expertas”. Lúcido y original, como siempre, se toma con humor y resignación los primeros síntomas de la vejez que a todos nos llega, tarde o temprano – y mejor que nos llegue, porque otros rockeros, como también él cuenta en algunas de sus canciones…se quedaron “colgados de la luna” o “en la carretera”.

De su carrera en solitario interpreto una muy buena selección: “Dos de corazones”, una de mis favoritas, “Geishas en Madrid”, la inquietante “Vicios caros” – donde habla de las chicas que solo buscan el dinero de sus parejas -, “Hasta perder la cuenta”, la también autobiográfica “Hoja de ruta”, un rock´n´roll contundente de su disco “Lo siento, Frank” donde define esquemáticamente, pero a la perfección, la vida de un músico de rock. Me encanta esa frase de “llevamos nuestro destino escrito en la hoja de ruta”.

Por supuesto también sonó un tema que ya se ha transformado en un himno: “Lo siento , Frank”. En él, Ariel fantasea con que pide disculpas a Frank Sinatra por los derroteros que va tomando el mundo musical, la simplicidad y ordinariez que en los últimos tiempos – ¿solo en los últimos? – sufre la música de consumo. Frases como “si las teclas del piano se volvieron todas blancas”, o “la canción cumple condena…por ser demasiado buen” vuelven a demostrar la habilidad de Ariel con el lenguaje, y la forma tan sencilla y directa que tiene para contarnos sus historias.

Poco a poco fueron cayendo algunas mas, también clásicas, como “Baile de ilusiones”, “Adiós Carnaval”, la también muy autobiográfica “Vals de los recuerdos” – donde cuenta los tiempos de su llegada a Madrid , procedente de su argentina natal, siendo un adolescente - , “Una casa con tres balcones”, su fantástico rock instrumental “ Confesiones de un comedor de pizza” – donde deja claro que es un verdadero maestro con las seis cuerdas – y una de sus mejores composiciones de la época “rodriguez”: "Dulce condena".

Para acabar, y tras una primera despedida del escenario, apareció en el escenario en camiseta y sin guitarra, solo con el otro guitarrista de su banda, Osvi Grecco, para cantarnos una preciosa su versión con aires de tango de su famoso tema – de la época de Los Rodriguez también– “Mucho mejor”. Os recomiendo que escucheis esta versión en estudio en su disco “Duos, trios y otras perversiones”, que merece la pena.

Como fin de fiesta, y como sabio administrador de un espectáculo, se sacó de la manga su “Milonga del marinero y el capitán”, que todos coreamos con ganas, y acabó con el rock “Tengo 40 millones”.

La banda que lo acompañaba era solvente, aunque lo he escuchado con mejores músicos en otras ocasiones. Buen teclista (aunque los sonidos tanto de piano como de órganos hammond no tenían demasiada calidad), batería y bajista contundentes, y el citado Grecco como guitarrista rítmico – y en algunas ocasiones solista – también con mucho oficio. De hecho suele formar parte de su banda desde hace años.

Como reconozco que soy muy fan de Ariel, he intenté obviar los inconvenientes del concierto, pero realmente alguno hubo aunque, en honor a la verdad, poco achacables a él. Lo que realmente dejo mucho que desear fue el sonido, y me sorprendió porque la sala Joy tiene una gran tradición de conciertos, y por tanto deberían estar “superafinados” en este aspecto. Sin embargo resulto algo sucio y estridente, sobre todo en lo que a voces se refiere. Por suerte me conocía las letras de casi todas las canciones, pero para los que no tuviesen esa suerte, supongo que les debió costar lo suyo entender algunas. Y eso, cuando de Ariel Rot hablamos, es un gran hándicap. Tampoco estuvo muy fino el técnico de iluminación (o como mi amigo Ivan dice , “el lucero”). Alguien debería explicarle a ese hombre – o mujer – que básicamente en un concierto hay que iluminar a los artistas que están en el escenario, y muy de vez en cuando al público. Este se ve que ese día falto a clase, o que lo entendió al revés. El caso es que a punto estuvo a ratos de dejarnos a la altura de Stevie Wonder, en lo que a agudeza visual se refiere. Sin embargo, a Ariel a veces había que esforzarse para verlo. Curiosa forma de iluminar.

No obstante la sensación al abandonar la sala – pitidos en los oídos aparte – fue la de haber asistido a un buen concierto de rock, y eso hoy en día es muy de agradecer. Lo celebramos, mi hermanita y yo, tomando una cervecita fresca en uno de esos típicos bares para “guiris” de la Puerta del Sol, disfrutando de la primaveral noche de Madrid. Todo un lujo. Y hoy de vuelta a casa, aprovecho las infames 7 horas de Talgo para escribir esto. Quizás por este motivo me haya salido algo más extensa de lo normal: la culpa es de RENFE y del gobierno, por no ponernos ya el AVE Almería-Madrid.