miércoles, 25 de enero de 2012

Bailando el vals que Bunbury nos toca

Enrique Bunbury, Pabellon deportivo Rafael Florido (Almería), 24-1-2012
Hay personas que nacen con una fuerza interna que les lleva a ser líderes en cualquiera que sea la actividad que decidan emprender. Enrique Ortiz de Landázuri Izardui, más conocido como Bunbury es ,a mi entender, una de esas personas.
Podría haber sido, por poner algunos ejemplos, torero – porque parece tener planta, valentía y chulería necesaria para ello - boxeador, y de hecho parece tener alguna afición al cuadrilátero, poeta- en parte, lo es - , o pintor. Difícilmente lo imagino fichando cada mañana, aunque si hubiese optado por ese camino, también estoy
seguro de que lo haría bien, pero por fortuna, se decidió por la música y eso nos ha proporcionado en este país una de las carreras más sólidas e internacionales de las que el rock´n´roll patrio dispone.
Con una sorprendente forma de escribir y componer, ávido de nuevas experiencias, de reinventarse en cada nuevo proyecto, sin dejar de escuchar música – que es algo que yo creo que muchas “mega-estrellas” suelen hacer, por no
hablar de algunas que no han escuchado nunca más allá de la lista de “los 40” -, con influencias clarísimas - y reconocidas por él mismo - de ciertos genios indiscutibles: Dylan y Bowie, sobre todo, en lo musical. Pero también con muchos guiños a Tom Waits en llo que a instrumentacion se refiere, o al mismísimo Elvis en su forma de comportarse en un escenario, exagerando gestos y poses para deleite de sus fans – que somos muchos – y desesperación de sus detractores, que suelen quedarse en lo superficial para, en la mayor parte de ocasiones, dedicarse a criticarlo por estos motivos sin conocer bien su obra.
Pues bien, comprenderéis tras este panegírico de introducción que mi admiración por Bunbury es grande y declarada a los cuatro vientos – teniendo por ello que soportar en no pocas ocasiones las burlas de algunos compañeros músicos – y no músicos – que, en su derecho a la libre opinión del que, por ahora, disfrutamos – se mofan de mi debilidad por este controvertido artista.
Y algunas he tenido que soportar en estos últimos días, en los que yo andaba ilusionado por acudir a su presentación del nuevo álbum “Licenciado Cantinas” en mi ciudad. Ya tuve la ocasión y la suerte de acudir, hace ya casi cuatro años, a la presentación en Madrid de su “Hellville Deluxe” (crónica que también podéis leer pinchando aquí), y no me defraudo aquel concierto. La banda con la que se estrenaba en aquella gira es la misma que continua con él en la actualidad, y con la que yo ahora esperaba estuviese mucho mas compenetrado, tras casi cuatro años de trabajo con ellos.
Pues bien, hoy, con la cabeza bien alta tras escuchar uno de los mejores conciertos de rock – que porras…de ROCK , con mayúsculas – de los últimos años, voy a recuperar mis crónicas de conciertos que tenia abandonadas desde hace meses – por andar bastante ocupado en proyectos musicales propios – porque desde luego este concierto es de los que lo merecen.
Para empezar, y total ya puestos a defender a Enrique, comprendo perfectamente que se viese obligado a suspender el concierto inicial del día 13 de enero (y otro más en Valencia, dos días antes). He leído opiniones de “impresentables” y "energúmenos", amparados por el anonimato, por las redes sociales, insultando y criticando la suspensión de esos conciertos, cuyo motivo no fue otro que la enfermedad de Bunbury, certificada por un médico colegiado oficial, por una faringitis aguda. Estoy seguro que más de uno de los que implacablemente se cebaba con el artista es capaz de faltar a su trabajo por un leve resfriado. Hay artistas que tiene fama de “flojos”, de no cumplidores, etc, pero no es el caso de Bunbury, que creo que demuestra siempre su profesionalidad. Pero, como bien dijo anoche durante el concierto, ”los virus no tienen fines de semana”, y no entienden de conciertos, compromisos, entradas o fechas. Ellos sí que son esclavos de su trabajo y lamentablemente no tienen vacaciones.
Dicho esto, y tras la lógica decepción inicial por ver trasladada la fecha del concierto a casi dos semanas más tarde, lo cierto es que me tomé el aplazamiento como una oportunidad para lo que yo suelo denominar “preparación del concierto”, y durante estos días previos he vuelto a escuchar sus mejores discos (que son casi todos) y a visionar algunos de sus conciertos y documentales. Digamos que me he “bunburyzado” a base de bien, que es la mejor forma de disfrutar luego del concierto, siendo muy consciente de lo que se va a escuchar. Es mi manera de hacerlo, y a mí me funciona.
Como decía antes, la gira que Bunbury ha comenzado en este enero de 2012 es la de presentación de su nuevo trabajo, “Licenciado Cantinas”, un disco peculiar en el que desde el primer acorde se trasluce que este artista tiene un estilo tan personal que es capaz de realizar un disco completo de versiones y, con toda naturalidad. hacerlas suyas de inmediato. También en esto se fija en sus grandes ídolos, porque casi todos, en algún momento de su carrera, frenan y echan un vistazo a sus orígenes e influencias y realizan un disco versionando a otros. Ahí está el ejemplo de Bowie, con su disco “Pin ups” donde versionó temas de The Who, Pink Floyd o The Kinks, entre otros o, sin ir más lejos, el reciente trabajo de Paul McCartneyKisses on the bottom”, donde versiona, con una producción muy jazzistica, algunas de las canciones que escuchaba cuando era niño, en su Liverpool natal. Todos tenemos nuestras propias raíces e influencias musicales, algunas muy escondidas en el subconsciente, que provienen en ocasiones de lo que han escuchado nuestros padres, o algún familiar cercano, o simplemente de preferencias por determinadas culturas musicales que de forma inexplicable nos atraen, por muy lejanas que nos parezcan. Es lo mágico de la música, y la explicación de su universalidad. Y Bunbury se ha dejado llevar por esa afición suya por la música latinoamericana demostrada ya en temas concretos de sus discos anteriores. Se me viene a la cabeza la maravillosa versión mexicana de “Infinito”, con los mariachis y Julieta Venegas al acordeón. Cuando se visiona ese video-clip uno se da cuenta de que en esa época, hace ya unos años, ya estaba el germen del “Licenciado Cantinas” en la mente de Enrique. O en temas como “Canto (el mismo dolor)”, de su maravilloso “Viaje a ninguna parte”, que desprendían un maravilloso olor a ranchera y corrido mexicano.
En palabras del mismo Enrique en este disco la labor de composición ha sido sustituida por la labor de selección de las trece canciones que lo integran, y con las que ha querido contar una historia, la del Licenciado Cantinas, un personaje interpretado por él en el escenario.
Pues este es el contexto en el que nos movemos y lo que anoche, en el pabellón Rafael Florido de mi ciudad, Almería, venía a mostrar Bunbury, y lo que realmente quiero contar – aunque lleve ya más de dos páginas escritas sin haber comenzado. Debe ser el “mono” de escribir crónicas que tenía el que me está haciendo teclear más de la cuenta, pero voy a intentar “ir al grano”, a ver si soy capaz de centrarme.
Tal y como intuí, y constaté a la llegada al pabellón, junto a mi mujer y mi amigo el también músico y roquero “de pro” Rosendo Alvarez, gran admirador de Bunbury también, la afluencia de público no era masiva, pienso que achacable al traslado de fecha, que pasó de un viernes a un martes, lo que seguramente motivó la devolución de muchas entradas. No todo el mundo está dispuesto a irse un martes de concierto, y es comprensible. Pero como no hay mal que por bien no venga, fue un verdadero placer entrar al recinto con facilidad y lograr un privilegiado sitio bastante cerca del escenario, y equidistante de este y de la barra donde se podían conseguir de cuando en cuando algunas frescas cervecitas, fundamentales para un espectáculo de este tipo. El publico, bastante heterogéneo en edades y aspecto, me sorprendió por lo respetuoso. Siempre en este tipo de conciertos de rock parece que “suelten” a una horda de “gilipoyas” que se reparten por el recinto con el único fin de molestar a todo el mundo con sus estupideces, y que no parecen nada interesados en lo que ocurre en el escenario, sino mas bien en hacerse notar, dar codazos y derramar cervezas y/o ceniza sobre sus vecinos. Pues bien, anoche, si los había, no se pasaron por nuestra zona, de forma que pudimos disfrutar con tranquilidad y alegría del espectáculo.
Puntualidad. Algo que no abunda en este nuestro país. Posiblemente el concierto comenzó con unos escasos minutos de retraso - no miré el reloj en ese momento- , totalmente aceptables. Hasta en eso me quito el sombrero con este tipo. Y como era de esperar el concierto comenzó con el tema instrumental “El mar, el cielo y tu”, que también abre el disco “Licenciado Cantinas”, versión de una vieja canción del mejicano Agustín Lara. Y tampoco me sorprendió que, a continuación, la enlazase – como en el disco – con el potente “Llévame”. En cuanto comenzó este tema sospeché cuanto iba a disfrutar con esa banda sobre el escenario. Como decía antes, ya presencié hace algunos años, en la presentación de “Hellville Deluxe”, el nacimiento de su nueva banda “Los santos inocentes”. Tras muchos años con otros músicos, que conformaban la banda que acabo llamándose “El huracán ambulante”, Enrique decidió cambiar de sonido y, por tanto, de músicos. Quedándose solamente con su batería, mi “casi-tocayo” Ramón Gacías, que parece ser su clara mano derecha en toda su carrera en solitario, buscó savia nueva, y sin duda la encontró. Los músicos del “Huracán Ambulante” eran fantásticos, pero estos “Santos inocentes” no lo son menos, desde luego. El sonido que Enrique iba buscando era más roquero, más cercano al estilo “americana”, donde se mezcla muy bien el folk, el country, el rockabilly y el rock más clásico. La instrumentación que lleva lo demuestra: Batería, bajo (o contrabajo en esta ocasión, por los temas mas “cantineros”), dos guitarras y un teclista “no tecnológico”. Me explico: nada de sonidos extraños de sintetizador, nada de sonidos sampleados intentando imitar a violines ni trompetas, etc. Sonidos de teclado puros y añejos, muy “vintage”: pianos limpios, pianos eléctricos tipo “fender rhodes”, acordeón y un órgano Hammond de los de toda la vida. No hace falta más para hacer esta música. En esta ocasión ha incorporado a un percusionista, también por los temas del último álbum, en los que la percusión tiene un papel preponderante, pero habrá que ver si lo conserva en el futuro. Con Enrique Bunbury es muy difícil hacer una previsión, porque seguro que nos volverá a sorprender.
Pues ahí estábamos, frente a un escenario austero pero elegante, con un despliegue quizás algo excesivo de luces, pero contundente, y con unos fantásticos músicos que empezaban a hacer buen rock. Y aparece Bunbury, enfundado en un traje negro con unos llamativos adornos de llamas fuego, todo muy en la “tarantinica” onda de “abierto hasta el amanecer”, muy latino, muy visceral y sobre todo, muy roquero.
La verdad es que sería incapaz de recordar el exacto orden de las canciones, pero, oh maravillas del facebook, anoche mismo ya estaba publicado el “set list” del concierto de Almería en el perfil del artista, por lo que no voy a tener que, como en otras ocasiones, hacer un ejercicio de memoria para recordar el transcurrir del evento: me lo han puesto fácil.
Tras el arrollador “Llévame”, nos tranquilizó de inmediato con uno de sus temas mas jazzísticos, que es en su comienzo casi una bossa-nova: “Irremediablemente cotidiano”, demostrando que estaba totalmente restablecido de su reciente enfermedad, porque su voz sonaba alta, clara y potente.
A partir de ahí, sabiamente, fue combinando temas de “Licenciado” con composiciones de sus anteriores trabajos, alternando también entre sus temas mas potentes y los mas “tranquilos”. Lo pongo entrecomillado porque los temas tranquilos de Bunbury suelen serlo al inicio, pero casi siempre van ganando en intensidad y acaban transformándose en pequeños y sentidos himnos.
La banda lo secunda a la perfección en esta creación de ambientes, sabiendo dosificarse y jugando con la dinámica en todos los temas, de forma que logran emocionarte y sorprenderte en intervalos de pocos minutos o segundos, dentro de cada canción.
De su nuevo trabajo nos interpretó más o menos la mitad, creo que con buen criterio ya que tampoco es cuestión de abusar con demasiados temas nuevos, aunque estos realmente no sean “nuevos” del todo. Tras los tres primeros, ataco con “El solitario (Diario de un borracho)”, con el que nuevamente nos transportaba al ambiente tex-mex (de hecho el disco está grabado en su mayor parte en un estudio de Texas, el “Sonic Ranch”) y cantinero que destila todo el disco. Quizás este es el tema que mejor lo representa. El single del disco, el conocido “Odiame” fue también bordado en directo, con un trabajo inmenso del teclista Jorge Rebenaque en el órgano Hammond. El corrido “Animas, que no amanezca” es otro buen ejemplo, con sus preciosos arreglos de acordeón y su ritmo trepidante. “El dia de mi suerte”, composición original del norteamericano de origen portorriqueño Willie Colon, es otra de las joyas del disco, y que gana en fuerza con el directo, transformando un tema inicialmente “salsero” en un potente rock´n´roll.
Como regalo al público almeriense – o porque lo tenía previsto, que estas cosas quedan muy bien – estrenó en directo el tema “Mi sueño prohibido”, bolero en el que participa – en el disco – el gran Eliades Ochoa, con un solo de guitarra.
Si disfrutamos con los temas de su último trabajo, ni que decir tiene que donde el público se entrego – y me incluyo – fue con algunos de los temas de sus anteriores trabajos, porque ya empiezan a ser parte de la historia de rock en castellano. Temas como “El extranjero”. “No me llames cariño”, “Que tengas suertecita”, “Sácame de aquí”, uno de sus más complejos temas, llamado simplemente “Si”, o el maravilloso “Infinito” fueron coreados por todos y, en determinadas ocasiones, cantados solo por el público, con un Enrique disfrutando de oír sus letras perfectamente entonadas por las gargantas de tanta gente. También sonaron algunos de los mejores temas de sus últimos trabajos, como “Los habitantes” o “Las consecuencias” – ambos del álbum titulado como este último tema, o la en su día controvertida “El hombre delgado que no flaqueará jamás”, bastante transformada de la original versión de estudio, mucho mas “rocanrolera”. Es este también un aspecto digno de destacar de Enrique: su capacidad para reinventarse constantemente, y re-arreglar sus propios temas, antiguos o modernos, y adecuarlos al momento y la banda actual, jugar con ellos y sacarles, si cabe, mas partido. Otro ejemplo de lo que comento es la nueva versión que interpretaron del tema “La señorita hermafrodita”, que al principio hasta costaba reconocer.
El concierto iba llegando a su fin, y os puedo asegurar que yo pensaba que no habían pasado más que unos minutos, y tras un par de amagos de marcharse – que ya están muy calculados y estudiados, ya que esas cosas son parte del show – sonaron las notas al piano del que ya se ha transformado en un clásico himno para el cierre de sus conciertos: el tema “Y al final”, un maravilloso vals al más puro estilo “bunburiano” con cuya letra aprovecha para hacer una despedida formal, volviendo a presentar a sus músicos, a los que ha ido mencionando a lo largo del concierto, porque esa es otra cosa que este tipo cuida, cosa que no todos hacen: presentar como es debido a cada uno de los músicos que lo acompañan y hacen posible de que su música suene tan espectacular.
En el concierto de anoche, yo destacaría al guitarrista Jordi Mena , por su versatilidad y buen gusto con las diferentes guitarras que se fué colgando, y sobre todo por sus magníficos solos, aunque el otro guitarrista, Alvaro Suite, tuvo también grandes momentos. El bajista, Robert Castellanos, estuvo a la altura tanto con el bajo eléctrico como con el contrabajo, y el percusionista Quino Bejar estuvo en su sitio, sin demasiado protagonismo – cosa que es de agradecer – dándole color a los temas que lo necesitaban. Ya mencioné antes a Jorge “Rebe” Rebenaque, el pianista, que también realizo un magnífico trabajo al órgano, acordeón y diversos pianos, creando los ambientes necesarios para que todo tuviese un sonido de autentico rock americano. Y, por supuesto, Ramón Gacías, tras los tambores, seguro y contundente, sin alardes demostrando porque es uno de los pilares fundamentales de todas las bandas de Enrique y de la producción de sus discos. Pero realmente en el escenario destaca quien debe destacar: el propio Bunbury, con su histrionismo, su particular estilo y gestos tan personales, que le ayudan a componer su personaje en escena y que se combinan intrínsecamente con su música.
Antes de acabar, no puedo olvidar hacer una mención expresa al sonido del concierto, que me pareció espectacular. Limpio y claro, potente cuando debía, pero dejando escuchar todos los instrumentos y matices. No sé si el pabellón reúne alguna condición para la acústica – es un pabellón deportivo por lo que, si es así, será por casualidad – o si los técnicos de sonido eran muy buenos o estuvieron inspirados, pero el resultado fue sorprendentemente bueno. Llegando al final se estropeo un poco, ensuciándose demasiado en algunos temas, pero no empañando la sensación general de sonido impecable. No siempre es así, y por eso quiero destacarlo. Una mala gestión del sonido puede echar a perder los esfuerzos de cualquier músico. En esta ocasión todo funcionó a la perfección.
Y así, como el propio Enrique nos dijo, al llegamos al final, y puedo asegurar que “nos ató con todas sus fuerzas” para seguir bailando su vals, ese al que nos enganchamos todos sus admiradores un determinado día, y en el que nos sigue manteniendo, girando y girando hasta que aguantemos de pie.
Un placer volver a verlo, Don Enrique. Y que sea por muchos años ¡¡¡ torero !!!.

domingo, 12 de junio de 2011

La cara oculta de los homenajes

Pink Tones, Homenaje a Pink Floyd. Campo de futbol de Huercal de Almería, 11 de junio de 2011
Una vez mas comparezco por aquí para contar lo que otros cantan, o tocan...que para el caso es lo mismo.

En más de una ocasión en este mismo blog he relatado mis experiencias - casi siempre placenteras - al escuchar a grupos de los conocidos como "de homenaje", o por usar el término internacional, Covers Bands. También siempre he defendido la existencia de este tipo de bandas - no en vano yo he pertenecido a alguna de ese estilo, y lo volvería a hacer - ya que me parece que el rock o el pop que merece la pena ser versionado no es más que el equivalente a la llamada "música clásica", y nadie discute si es pertinente o no que una orquesta sinfónica haga "versiones" de Beethoven o de Mozart, y tampoco que discute que las realicen con la mayor fidelidad posible al original. En el caso del pop o el rock, cierto es que la mayoría de bandas existentes versionan a otras que están en activo aún - para nuestra suerte, en la mayoría de los casos - o bien que aun habiendo desaparecido, muchos de sus miembros siguen entre nosotros, con mayor o menor salud - dependiendo de los excesos cometidos durante su azarosa vida artística. Por tanto, una vez más defiendo "a capa y espada" - si hace falta me batiré en duelo "musical "con quien me lo pida - a los músicos que se esfuerzan por recuperar, conservar y mantener la música de los grandes autores e instrumentistas de la segunda década del pasado siglo, y haciendo que podamos disfrutarla en directo, que es como la música adquiere su total sentido.

Dicho esto - por enésima vez, lo sé - es normal que me fijase en un cartel apareció en algunas fachadas - si, todavía se pegan carteles - en el que se anunciaba la actuación de 3 bandas de este tipo en el campo de fútbol de Huercal de Almeria. De las tres, realmente me interesaba bastante solo una de ellas, ya que uno tiene sus preferencias. Actuaban la "Bon Scott Band", que como es lógico hacen su homenaje a AC-DC, los Metallmania, que hacían lo propio con Metallica y los "Pink Tones" que homenajeaban a los Pink Floyd. Aunque no le hago ascos al buen heavy metal, reconozco que nunca ha estado entre mis estilos de cabecera. Pero en lo que respecta al rock progresivo, eso es harina de otro costal. La posibilidad de escuchar versiones de los Floyd en directo siempre es una buena excusa para acudir a un concierto.

Había algo que me frenaba un poco, y era el hecho de haber visto al mismísimo Roger Waters en directo - ver mi artículo sobre el concierto en este mismo blog - hace unos pocos años, cuando presentó su show de "Dark side of the moon". No solo escuché al completo dicha obra maestra "en vivo", de manos de uno de sus creadores, sino que también pude disfrutar de algunos otras joyas de los "fluidos rosas" en esa misma ocasión. Ese show me pareció fantástico, y por tanto, pensé que podría ser contraproducente escuchar a un grupo homenaje, cuando había disfrutado de un "casi-original" que aún conservaba en mi retina (y oídos).

Aún así, y tras la insistencia de mi hija mayor, que va descubriendo poco a poco las maravillas de la buena música - sea la que sea - y algún que otro amigo que planeaba acudir, decidí decirle a mi mujer que cambiábamos una tranquila noche de sofá y cine por un buen plantón frente a un escenario. Bueno, ya está acostumbrada. Le prometí buena música, luces de colores y que lo pasaríamos bien. Ese argumento ya lo usaron los "Mecano" con bastante éxito, ¿Por qué no me iba a servir a mi?.

La casualidad - porque no tenía nada claro el orden de actuación de las tres bandas - hizo que llegásemos justo cuando el concierto de los "Pink Tones" comenzaba. Y ya ese comienzo me sorprendió, porque curiosamente no eligieron para darnos la bienvenida algún gran éxito de la banda. De hecho tuve que buscar un poco en mis archivos musicales mentales para recordar en que disco estaba ese comienzo instrumental con el que nos deleitaron: "Obscured by clouds", uno de los álbumes menos conocidos de la banda inglesa, y reconozco que uno de los menos escuchados por mi, aunque nunca es tarde para enmendar errores.

De entrada, y ya desde este primer tema, me quedó claro que esta no era una simple banda ocupada en interpretar las canciones, sino que también se habían trabajado el otro aspecto fundamental en la banda psicodélica por excelencia: la puesta en escena. Humo en abundancia por el escenario, buena iluminación - tratando de imitar en lo posible la de la banda original, y hasta un laser que ponían en funcionamiento de cuando en cuando. Y alguna sorpresa más que comentaré mas adelante.

Inmediatamente después de esta atípica introducción ya sí que comenzaron a abordar los "clásicos", empezando "Dark side of the moon", con sus temas enlazados "Speak to me/Breathe", "Time" y "On the run".

Como si quisiesen respetar la cronología de álbumes - aunque luego no lo hicieron -, inmediatamente se enfangaron con "Shine on your crazy diamonds" tema que ocupa casi la mitad de su álbum "Wish you were here" y que, si no recuerdo mal, interpretaron al completo. También de este álbum sonaron "Have a cigar" y el precioso tema que da título al disco - y que dedicaron a su malogrado compañero Syd Barrett - "Wish you were here". Solo les faltó "Welcome to the machine" - que estoy seguro que también sabrán interpretar - para completar dicha obra.

Eché en falta algo del "Animals", pero se lo saltaron, para volver al "Dark side of the moon", y hacer una buena versión del "Money", durante la cual intenté, no sé si con éxito,- explicarle a mi hija lo que es un compás de 7/8.

Durante toda la interpretación de estos temas, como es lógico, no perdí detalle de cada músico de la banda, y llegado ese momento ya me había hecho una idea de lo que se movía por el escenario. El guitarrista principal y cantante - no puedo decir los nombres, porque cometieron el error de no presentarse - me pareció que era el claro líder de esta banda, y demostró sobradamente su pericia con la guitarra - sobre todo en los calcados solos de David Gilmour – siendo su voz aceptablemente buena. También hay que tener en cuenta que ninguno de los dos cantantes originales de Pink Floyd (Waters y gilmour) son una maravilla a nivel vocal, aunque personalmente me encanten sus voces. La cuestión es vocalizar bien, y ponerle ganas a cada tema. En las partes más agudas - las que a veces suele hacer Waters - tampoco se defendía mal.

El otro guitarrista también me pareció buen instrumentista, y a eso hay que añadir que además tocó el saxo en "Shine..." y en "Money", lo que me hace pensar que quizás sea un saxofonista metido a guitarrista, más que lo contrario. En cualquier caso, ambas cosas las hizo bastante bien.

El batería y el bajista hicieron su labor. En el caso del batería, basta con aprenderse bien los golpes que Mason va dando, y tratar de ser un buen metrónomo. Y no lo digo despectivamente. Ninguna de las dos cosas me parecen fáciles, y las dos las hizo bien. En el caso del bajista, creo que no le llega al estilo imaginativo de Waters con el bajo, pero lo hizo bastante bien. No así como cantante, que está claro no parece ser lo suyo. De todas formas, no cantó demasiado, así que todos contentos.

El teclista también me pareció correctísimo. En algunas ocasiones no conseguía crear esas famosas cortinas de sonido de las que Rick Wright era especialista, pero en general cumplió muy bien su cometido. Y llevaba un buen arsenal de teclados, entre los que pude distinguir un Clavia (supongo que un Nord Lead) con el que hacia los indispensables Hammond, y un sintetizador (no pude ver la marca y modelo) auténtico, con el que consiguió algunos sonidos “setenteros” bastante logrados.

Por último, el buen hacer de las dos cantantes de la banda quedó patente durante la interpretación de uno de los temas más complejos de la banda, a nivel vocal, el famoso "The great gig in the sky". Hasta ese momento, las dos chicas habían realizado una buena labor como coristas, y siguiendo bastante bien la coreografía típica de las chicas que suelen acompañar a los verdaderos floyd - o a Waters en solitario. Pero en ese tema demostraron su valía como cantantes. Muy buena interpretación, desde luego. Ese es un tema en el que si no se cuenta con unas buenas voces, es mucho mejor no hacerlo.


Como los rios llegan al mar, cualquier concierto de los Floyd, sea de los verdaderos o de alguna banda de homenaje, desemboca en "The wall". La obra cumbre de la banda y que, paradojicamente, resultó ser el principio de su fin, contiene infinidad de melodías conocidas, temas míticos que ya han pasado a formar parte de nuestra vida, de la memoria colectiva musical mundial. ¿Quién no ha coreado a voz en grito alguna vez el "We don´t need no education..." de "Another brick in the wall". ¿A quién no se le han puesto los vellos de punta escuchando canciones como "Mother" o "Comfortably numb"?. Alguno habrá, pero seguro que tampoco sabe que Franco ha muerto, y que el Madrid es campeón de Europa desde hace tiempo, como contaba aquel viejo anuncio. Vamos, que posiblemente es que haya vivido en otro planeta.
Así que los chicos de "Pink tones" empezaron a "darle caña al muro". Sonaron temas como "In the flesh", "Another brick in the wall" - sus tres partes - o "The happiest days of our lives". Y fue en este momento donde, además de deleitarnos con música e iluminación, empezó a crecer un gran muñeco hinchable en la parte izquierda del escenario, representando al famoso profesor de "The wall" (recordad...el de "hey...teacher...leave the kids alone"), ese que diseñó para el álbum el dibujante Gerald Scarfe, y que ya forma parte de los símbolos asociados a la música de Pink Floyd y The wall. Con sus inquietantes focos en los ojos, y sus movimientos de mano, dio un toque aún mas especial a la interpretación de los mencionados temas.

Ya iba acercándose el fin del concierto, tras más de dos horas de música, cuando pudimos escuchar la maravillosa "Mother". Lamentablemente no se qué problema tuvieron con este tema, que sonó bastante mal durante su parte central, dándome la sensación de que algunos músicos estaban tocando en una tonalidad diferente a los demás. Ya que la banda demostró sobradamente su calidad musical durante todo el concierto, quiero pensar que fue algún problema técnico, no imputable a los músicos.

Como bises nos regalaron el cercano al heavy "Run like hell", y el grandioso "Confortably numb", que lamentablemente también tuvo algunos momentos "extraños" en lo que al sonido y voces se refiere. Vuelvo a repetir que prefiero pensar que era cuestión técnica. Aún así, el guitarrista y líder de los "Pink Tones" nos hizo vibrar con el solo final de guitarra de este tema, dejando un buen sabor de boca final.

Aparte de los dos "pequeños" fallos comentados, si algo eché en falta en esta banda fue su poca - casi nula - comunicación con el público. El líder se dirigió en un par de ocasiones al público, de forma escueta. Prueba de ello es que, como comentaba antes, ni siquiera emplearon un par de minutos para presentarse, cosa que me parece fundamental. Podríamos decir que se tomaron bastante en serio lo de la "cara oculta". Yo creo que se puede ser una banda de homenaje en la que lo importante es el grupo homenajeado, pero los que se los están currando en el escenario tienen nombre y apellidos y a mí me gusta saberlos. Manías. Podría buscar la información sobre ellos por internet, pero no voy a hacerlo. Suelo recurrir a eso cuando no logro retener los nombres, pero en este caso no me dieron opción a eso. Si por casualidad leen este blog, que se lo tomen como un pequeño tirón de orejas, con la mejor intención. Y que tomen nota.

Por lo demás, tengo que reconocer que me dejaron bastante asombrado, porque imagino lo que cuesta montar y mantener una banda así. Mucho esfuerzo musical y organizativo, y seguramente una gran inversión previa, que luego nunca se sabe si se va a recuperar. Ojalá sea así, y duren muchos años, porque lo hacen realmente bien, y anoche nos hicieron disfrutar y soñar con la maravillosa música de unos genios del siglo XX: Pink Floyd. Bien por los "Pink tones".

Fotos: Paula García

lunes, 7 de marzo de 2011

En el templo del rey David

David Lenker, Francis Pose, Manuel Toro y Eva Montiel, 5 marzo de 2011, Asociación Clasijazz (Almería)
La zambullida de la noche anterior en ese romántico universo de la música italiana, sentimentalmente intensa pero musicalmente sencilla, hizo que pasase parte de la mañana del sábado sentado al piano, recordando esas melodías y viendo como fluían de mis dedos, con esa satisfacción inmediata que da interpretar la música popular.

Ah, pero ya sabía yo que la noche del sábado me devolvería a la cruda realidad, a la música con mayúsculas, esa a la que uno aspira pero no sabe si llegará alguna vez. La que te hace pensar que te falta otra vida para lograr dominar un instrumento como algunos de los músicos a los que tanto admiro. Y esa noche iba a tener la suerte de compartir un buen rato con algunos de ellos.

Ya he hablado en este mismo blog con anterioridad de David Lenker. Pianista norteamericano afincado desde hace ya mucho en nuestro país, actualmente en la provincia de Málaga. Tuve la suerte de tenerlo como profesor en un seminario en Granada hace un par de años, y desde entonces siempre que he coincidido con él ha resultado muy satisfactorio para mis oídos. Si a eso añadimos se trata también de una gran persona, de magnífico trato y gran sentido de humor, pues resulta siempre un placer volver a verlo. Hace un año nos visitó tambien en Clasijazz, y en esa ocasión compartiendo escenario con mi amigo el guitarrista Antonio Gómez, otro de los grandes de su instrumento. No voy a contar mas, porque en este mismo blog ya comenté en su dia ese fantástico concierto, y espero que esa colaboración continúe en el futuro.

Pero en esta ocasión David acudía a Clasijazz a presentar un proyecto propio llamado “Ways”, aunque en la publicidad del club venia anunciado como “David Lenker Trío”. Sin embargo, tal y como el explicó brevemente durante el concierto, se trata de algo parecido a una cooperativa musical, con el denominador común de interpretar sus composiciones, pero intentando dar cabida a muy diferentes músicos, algunos de los cuales - a los que nombró - no pudieron estar esa noche.

Para la ocasión que nos ocupa le acompañaban tres sólidos músicos: Francis Posé – de sobra conocido para todo aficionado al jazz en este país, al contrabajo– Manuel Toro, en la percusión, y Eva Montiel como vocalista.

El concierto dio comienzo de forma muy singular con un tema llamado “Bicheria”. Hasta yo, que creo estar curtido ya en estas lides, llegue a pensar que Lenker y sus colegas iban a dar un recital de free jazz durante los primeros minutos, escuchando la introducción de dicho tema. Mi mujer me miraba con esa expresión de “¿pero en que lío me has metido esta noche?”. Sin embargo, poco a poco el tema fue evolucionando hacia una música más entendible.

Como para compensar, la siguiente composición – “El baile de los girasoles” – nos introdujo mucho más claramente hacia el camino a donde se dirige la música de Lenker. Según él mismo comenta, últimamente está muy interesado en hacer canciones, y de ahí que también contásemos esa noche con Eva Montiel, para poner voz a algunas de las letras sus composiciones.

De esta primera parte me quedaría - aunque me gustó al completo - con un precioso tema llamado “Reinado sin rey”, basado en una composición de Johann Sebastian Bach, aunque también me parecieron muy interesantes las dos composiciones en las que nos presentó a Eva Montiel: “Close your eyes” y “Fly”. Lástima que a la voz de Eva le faltase un poquito de efecto “reverb”, y sonase algo seca, para mi gusto. Pero, aún así, demostró cantar realmente bien.

La segunda parte posiblemente fue aún mejor, si cabe. Según David en el primer pase aún andaba “haciéndose con el piano”, y fue en el segundo donde realmente disfrutó en sus improvisaciones. Yo diría que las del primer pase fueron igual de buenas, pero…no vamos a contradecir al maestro, que de esto demuestra saber mucho mas que yo.

El que no pareció tener que familiarizarse con el contrabajo fue Francis Posé. He visto a este fabuloso contrabajista en numerosas ocasiones – la última, con Iñaki Salvador y Roper en un fantástico trió que tienen montado – pero realmente nunca le había escuchado arriesgarse tanto en sus improvisaciones como en esta ocasión, arrancando los aplausos del público tras cada uno de sus solos. Y no era para menos, ya que creo que puso su alma en cada uno de ellos.

No querría olvidar, desde luego, la labor de Manuel Toro, con su pequeño set de percusión, dándole a todos los temas el ritmo y color preciso, sobre todo con el cajón peruano, tocado con escobillas, o con las manos, creando tensión y llevando impecablemente el ritmo, a veces muy complejo, de los temas que sonaron allí. No conocía hasta ese momento a este percusionista, pero a partir de ahora le seguiré la pista.

Comenzaron esta segunda parte con “La punta de la Plata”, tema con una melodía muy cercana al flamenco, y siguieron con “La ratonera”, un 3/4 ( o 6/8, no se) muy simpático y rítmico. Pero donde realmente lograron alcanzar el climax de la noche fue en un tema ya conocido por mi y que me parece una de las mejores composiciones de David: “Blues andaluz”. La introducción con el arco de Posé al contrabajo ya nos dejó prácticamente sin respiración, y lo que vino después no es fácil de describir con palabras. Realmente es imposible, así que ni lo intento. Tras este alarde de lirismo, el mismo Francis pidió a David tocar “algo alegre”, y realmente nos animaron con un tema llamado “Skink”.

Volvió al escenario Eva para interpretar “Sail your sheep” y “Dicen”, éste último en castellano. Preciosa melodía la de este tema, conocida por mi ya que es el que abre el CD de piano solo de David titulado “Soledades”.

Despues una pieza a piano solo, el concierto acabó de forma espectacular con otra animada composición de David llamada “La Rumbita”, en la que podríamos decir que “echaron el resto”.

Aplausos, felicitaciones y un ambiente inmejorable en Clasijazz. Lástima que al ser la segunda noche que salíamos de "parranda musical", tanto mi mujer como yo estábamos algo cansados y decidimos marcharnos pronto. En un lugar tan agradable como Clasijazz es fácil dejarse llevar y volver a casa a esas horas intempestivas que luego pasan factura. Pero nuevamente regresé satisfecho: esa noche el club, esa pequeña parte de Almería donde la música en directo tiene el trato que merece, se había transformado en el templo del Rey David...Lenker, y creo que su reinado será largo y fructífero.